No hablar más de “larga enfermedad”
"Generar miedo y silencio en torno al cáncer nos quita la posibilidad de salvar vida". Ese es el diagnóstico del doctor Ricardo Kirchuk, director del Instituto de Oncología 'Ángel Roffo' (UBA), quien propone a su vez dejar de usar eufemismos para referirse a la enfermedad.Cada tanto el cáncer adquiere dimensión mediática, a partir de que toma estado público que alguna figura del espectáculo o algún líder político lo padece. Y el abordaje periodístico, por lo general, reprime el nombre de la patología, reemplazándola por los clásicos "larga" o "penosa" enfermedad.Pero el doctor Kirchuk, prestigioso oncólogo argentino, aconseja bajarle la carga negativa al cáncer. "Hay que perderle el miedo a la palabra y a la enfermedad, porque hoy más de la mitad de los pacientes se curan".En una interesante entrevista, aparecida en el sitio Entremujeres.com, del diario Clarín, el especialista sostiene que urge "reeducar" a la gente para que no tenga miedo, porque esta emoción paraliza y hace que muchos pacientes nieguen los síntomas, llegando tarde así a la consulta médica.La estigmatización social hacia esta dolencia -que se asocia a un mecanismo de ocultamiento que la humanidad empleó para males incurables- genera sentimientos de vergüenza.La palabra "estigma" proviene del griego y significa "atravesar, hacer un agujero". El término fue creado para referirse a signos corporales con los que se intentaba exhibir algo malo, como a los esclavos y los ladrones a quienes se estigmatizaba con hierro candente.En el plano de la salud, la palabra se ha empleado a lo largo de los siglos para indicar que ciertos diagnósticos despiertan prejuicios contra las personas. Por ejemplo, durante la Edad Media, un grupo discriminado fue el de quienes padecían lepra. Más recientemente, son quienes padecen cáncer, sida o enfermedades mentales.Sin embargo, Kirchuk sostiene que es un error la estigmatización porque el cáncer ya no es temible como antes y el "diagnóstico no es una condena a muerte". Hoy, recuerda, es una enfermedad importante, pero no deja de ser una enfermedad más.Además, agrega que detectada a tiempo tiene un pronóstico favorable en muchísimos casos, y de hecho, apunta, "hoy más de la mitad de los pacientes se curan". Según el oncólogo, de lo que se trata es de "cambiar conductas, cuidarse y prevenir". En su opinión, la sociedad en general -pacientes, médicos, Estado- puede hacer algo para bajar la incidencia y mortalidad por cáncer. "Es una picardía que se muera gente que podría curarse", destacó.El miedo y la aversión de la sociedad cierran muchas puertas a los enfermos. Esto no se condice con las actuales expectativas de curación, gracias a los avances en técnicas de diagnóstico y cirugía, y la evolución de los medicamentos oncológicos.El tema anímico, en este sentido, es clave. "Los pacientes que tienen cáncer o que han tenido cáncer y están bien anímica y psíquicamente superan mejor el tratamiento y se curan mucho más que los que no", indicó.Como ocurre en casi todas las enfermedades, los sectores sociales más pobres sufren más el impacto de la dolencia. No sólo porque culturalmente tienen pocos recursos para comprender y reconocer los síntomas, lo que hace que muchos de ellos lleguen tarde a la consulta.También están privados de una asistencia médica de calidad. "La combinación más tremenda es pobreza y cáncer avanzado, que es lo que recibimos del conurbano y del interior del país", refiere Kirchuk que dirige el Instituto Roffo, donde se atienden 75.000 pacientes con cáncer por año, la mitad de los cuales son carenciados.
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