No hay elección sin alguna renuncia
La vida, todo el tiempo, nos coloca ante la disyuntiva de tener que elegir entre varias alternativas. En economía se le llama "costo de oportunidad" a la opción no elegida.Existe la eterna asimetría entre nuestros deseos, que suelen ser ilimitados, y el inquebrantable muro de la realidad, que restringe notablemente el horizonte opcional.Es la colisión básica que atraviesa la condición humana, al decir de Sigmund Freud, entre el principio de placer y el principio de realidad, clave de bóveda de la teoría psicoanalítica.Incluso imaginando una existencia individual privilegiada, en términos de capacidad de poder elegir sobre un amplio campo de posibilidades, nadie está en condiciones de experimentar todas las que contiene en sí la realidad.Además, por más ricos e influyentes que seamos, nunca tendremos tiempo suficiente a lo largo de la vida para hacer todo lo que queramos. En todo caso, deberíamos poder reencarnarnos en varias existencias temporales para acumular tantas experiencias.La economía se ocupa de este problema a través de la noción de "costo de oportunidad", que está presente en la mayoría de los manuales de la disciplina, y que permite entender cómo funciona la lógica de la elección humana."El costo de algo es aquello a lo que se renuncia para conseguirlo". La definición de Greg Mankiw, profesor de economía de Harvard, toca la esencia del asunto. Imaginemos un joven que analiza la posibilidad de ir a la universidad.Por un lado, considera las "recompensas" asociadas a esa alternativa, tanto en términos intelectuales como sociales, al margen del hecho de que un graduado del sistema superior suele conseguir mejores oportunidades de trabajo.Está demás decir que también ese joven debe considerar el costo de la matrícula, de los libros, el trabajo que es necesario para aprobar cada curso, y los gastos necesarios a su condición de estudiante.Sin embargo, para tener un cuadro completo de la situación, esa persona no debe pasar por alto el "costo de oportunidad". ¿Cuál sería en este caso? Pues los tres o cuatro años que pasará por la universidad podría, por caso, dedicarlos a un empleo remunerado.Un empleo en que además de dinero en efectivo ganaría una valiosa experiencia laboral que mejoraría sustancialmente el currículo. Aquí se ve el valor que tiene la alternativa no elegida, cuya renuncia es un costo.Veamos otro ejemplo, esta vez en el hogar. Imaginemos que en casa se rompió la cañería, y eso permite una fuga de agua. Si nosotros mismos decidimos reparar el problema, habremos pensado que de esta manera nos "ahorraríamos" una suma considerable, que es lo que nos cobraría un profesional.Pero esa decisión puede tener un costo invisible, a saber: todo lo que podríamos hacer con el tiempo invertido en realizar la reparación (sin mencionar el hecho de que es muy probable que el plomero hará un mejor trabajo). "El tiempo es dinero", es una frase muy conocida.Como se ve, en la vida estamos valorando los pros y los contras de las situaciones. Y aunque intelectualmente no sepamos qué es el "costo de oportunidad", es un elemento que suele entrar en los cálculos cotidianos.El concepto sería tan importante para los individuos, como para las empresas y los países. Y en términos económicos, nos recuerda que toda decisión está determinada (o debería estarlo) por el conocimiento de aquello que ha de sacrificarse (en términos de dinero y disfrute).Al saber con precisión qué obtenemos y a qué renunciamos, en teoría tomaríamos la elección más racional y óptima.
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