No hay margen para seguir peleándose
En este sentido, uno quisiera creer que los acuerdos parciales firmados por el gobierno y la mesa de enlace del campo, están animados por un espíritu de reconciliación.
Porque, a decir verdad, ya no se puede seguir tirando de la cuerda de la discordia. El país no toleraría otro enfrentamiento como el del año pasado –cuando los productores tomaron las rutas- sin riesgo de disolución nacional.
No hay margen para la guerra facciosa en la Argentina. No hay más margen para la vendetta política, para la arrogancia del poder, para las estrategias amigo-enemigo, para querer sacar rédito político del encono social.
¿Hay que entender el proceso de acercamiento gobierno-campo como una toma de conciencia, sobre todo de quien lleva las riendas del poder, de que es inviable seguir dividiendo a los argentinos?
¿Marca el episodio el fin de una cultura política que exalta la construcción de hegemonía de poder, que ve en el otro diferente y que piensa distinto alguien a quien someter o eliminar?
¿Estamos en los prolegómenos de un giro copernicano en el ejercicio de la autoridad en la Argentina? ¿Vamos hacia un liderazgo de la nación asentado sobre bases éticas, dispuesto a recrear la confianza de los gobernados?
¿Se desembaraza la política del resentimiento como combustible básico –cual energía destructiva de la sociedad-, y es ganada por el ánimo de magnanimidad, por la generosidad y nobleza de espíritu?
¿Abandona su maniqueísmo de fondo, que ve al mundo y a las personas en blanco y negro, para dar lugar a la prudencia, esa rara virtud del gobernante que acepta la irremediable mezcla en los asuntos humanos?
Quisiéramos creer, en realidad, que la cultura del poder está en proceso de metamorfosis en la Argentina. Y que un signo de esa metanoia –o conversión- es el incipiente acuerdo entre el gobierno y un sector socioeconómico clave de la vida nacional.
Hay consenso entre los analistas, al respecto, que hubo un giro en el gobierno nacional frente al conflicto agrario. Eduardo Van Der Kooy, del diario Clarín, especula que esto se debió a un “susto presidencial”, ante la dinámica que están adquiriendo los acontecimientos mundiales.
“La intervención que llegó justo antes del abismo”, tituló por su lado Joaquín Morales Solá, del diario La Nación, al hablar del papel que jugó la presidente Cristina Kirchner en la reunión con la mesa de enlace.
La mandataria “decidió jugar su figura y su palabra antes que las cosas perdieran todo el control”, señaló.
Como se ve, el poder político parece haber tomado conciencia que en este asunto el país camina sobre la cornisa. ¿Se habrá comprendido que lo que se juega detrás del conflicto agrario es la paz social?
La cosa no está superada ni mucho menos, aunque hay que persistir en el espíritu de arreglo. Todo indica que hay que hacer esfuerzos mayores para recomponer la situación, para lo cual los dirigentes agrarios también deben colaborar.
Nuestro deseo, insistimos, es que estos acuerdos se inscriban dentro de una transformación de la cultura política del país, y no sean un puro repliegue táctico de una estrategia que sigue creyendo en la guerra.
Acaso la crisis internacional –que asusta a nuestros dirigentes- sea una ocasión dorada para un acuerdo nacional que privilegie a la Argentina, su conservación, por encima de los egoísmos de grupo.
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