No hay que mentirse: la culpa no es del Fondo, es toda nuestra
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Si Macri consiguió su salvoconducto para terminar el mandato depende ahora exclusivamente de él. El mercado internacional, o los que juegan más fuerte, decidieron blindarlo. O al menos darle las herramientas para eso. Los deberes son nuestros. Su calidad y profundidad. Pero ese es otro debate.Jorge BarroetaveñaLa lectura política del acuerdo con el FMI es necesaria. La economía, que se guía por realidades pero también por expectativas, tiene directrices que marcan los grandes jugadores. Son esos que toman decisiones en los centros de poder y pueden dejar a la Argentina la garete, sin financiamiento externo y al borde de la cesación de pagos. Todo lo hostil que el mundo se volvió en los últimos meses para financiar nuestro eterno déficit, mutó en el apoyo contundente de un señor de pelo rubio, con jopo prominente y que por esas rarezas de los pueblos, hoy es Presidente de Estados Unidos. Por supuesto que el abierto respaldo del gobierno norteamericano no es porque el Presidente Macri alguna vez jugó al golf y le ganó a Trump. O porque Juliana Awada le cayó bien a Melania. O porque el imperio Trump tiene intereses comerciales en esta parte del continente. Hay razones geopolíticas que favorecieron y facilitaron el acuerdo con el Fondo. Los países centrales no pueden darse el lujo que la Argentina vuelva a fracasar y suma a la región en un tembladeral económico. Demasiado les cuesta desembarazarse de otras experiencias populistas como la de Maduro en Venezuela o 'Lula' en Brasil, como para que la Argentina vuelva a caer en esas manos. Volvió Piñera en Chile, Colombia hace los deberes hace mucho y en Argentina apareció Macri, algo así como un modelo lavado de derecha con tintes sociales que sirve para reformular los parámetros históricos. Esta derecha, que llegó democráticamente al poder y dice cuidar los costos sociales del ajuste, no puede darse el lujo de fracasar. Sería volver al borde del abismo nuevamente.Al Fondo también le sirve, porque colabora para limpiar su imagen de dureza e inflexibilidad, asociada a las crisis, que azotaron a los países de Latinoamérica desde los '80. La experiencia de Grecia hace un tiempo y de la propia Argentina sirvieron de ejemplo. Nadie se extrañó entonces que, aún antes de la aprobación del Directorio del acuerdo de 50.000 millones, apareciera un comunicado oficial. Todo cocinado.Macri consiguió pues un cheque grande que le permitirá prescindir de otros financiamientos pero deberá encarar una tarea titánica que, desde los tiempos de Lavagna, el país no conoce: gastar menos de lo que ingresa.Por dónde pasará la tijera y la dimensión del recorte dependerá sólo de la gestión de gobierno. Aunque será compartido con las provincias donde se concentra casi el 50% del gasto. La guadaña pasará por la obra pública y el empleo estatal, lo que vaticina alta conflictividad social con los gremios. Sin tener en cuenta que los gobernadores deberán enfrentarse a la disyuntiva de bajar sus gastos en medio de un año electoral, cuando muchos se juegan su propia ropa. Macri tendrá que hacer lo mismo en medio de su sueño de reelección, hoy golpeado por su propia ineficacia para administrar y modificar la herencia que le dejó Cristina.De la inflación se ocupará el Banco Central, en otro giro ortodoxo, y la política deberá buscar la manera de meter mano en lo que hasta ahora no hizo. Sin olvidar que no existen las mayorías en el Congreso y todos estarán obligados a sentarse negociar, por convicción o necesidad.Hasta ahora nadie ha explicado cómo harán para que la economía crezca en medio de semejantes desafíos. Los aumentos de tarifas no van a desaparecer porque es uno de los pocos lugares, los subsidios, donde pueden avanzar con la tijera, ni las tasas altas que hoy sirven de contención frente al dólar. Pero no hay economía que resista tasas del 40%. No hay viabilidad posible con una balanza comercial negativa ni con niveles de inflación de dos dígitos. Ahí está el corazón de lo que se viene y en lo que Cambiemos deberá demostrar capacidad. Si el acuerdo con el Fondo es un salvavidas de plomo, no será culpa del organismo, sino de nosotros mismos que debimos recurrir a él porque las reformas que necesita la economía no se han hecho.De nuestra incapacidad política para llegar a acuerdos básicos que nos permitan establecer cuatro o cinco temas que tengan proyección para las próximas décadas. El sistema político es incapaz de consensuar al menos políticas educativas que nos permitan preparar a las futuras generaciones para enfrentar un mercado laboral complejo y exigente. Cualquier discusión se diluye entre los extremos, inclusión o exclusión y en el medio no queda nada, ni el sentido común.La pregunta es si la política salvará a la economía o será al revés. Hoy ninguna luce estar en condiciones de nada. La política, renga, con dispersión de pensamientos y actos. La economía, golpeada por los deberes que no se hicieron y ese empecinamiento tan nuestro de mentirnos, pese a la imagen que nos devuelve el espejo.No deberíamos seguir mintiéndonos. Los problemas son nuestros y las soluciones también. Hasta que no lo asumamos repechar la cuesta será imposible. Jorge Barroetaveña
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