No radicalizar la propia percepción de las cosas
En situaciones de crisis, los grupos que conforman un país buscan conciliar sus puntos de vista, o eligen encerrarse en su razón, con la pretensión de imponerla al resto.En el primer caso los actores dejan de querer tener razón en todo, renuncian a creer que su visión es autosuficiente, y entonces se predisponen a escuchar al otro que mira la realidad desde otro lugar.La eminencia del peligro, la perspectiva de que el caos y la violencia puedan sobrevenir, galvaniza finalmente a las partes, que así prefieren privilegiar consensos mínimos, en aras del bien general, antes que querer imponerse como facción.Se diría que las sociedades que han logrado evitar la guerra civil -caso Sudáfrica, por ejemplo, bajo el liderazgo pacificador de Nelson Mandela- han logrado desactivar las intransigencias ideológicas de los grupos enfrentados.En la otra hipótesis, en que una parte de la sociedad pretende imponerse al resto, ejerciendo coacción para que se entronice un pensamiento único, la violencia se ha enseñoreado de la vida pública, quebrándose la convivencia.Aquí la fibra egocéntrica de los grupos en pugna lleva a que proclamen que su percepción de las cosas no sólo es la mejor, sino la única posible. Es una pretensión de unanimidad cargada de violencia simbólica que supone, como corolario lógico, acallar o acabar con las voces disidentes.Las crisis ponen a prueba, así, el talante de las sociedades, su verdadera cultura política e institucional. ¿Qué tan tolerantes y receptivas son hacia las opiniones diferentes? ¿Qué tan inteligentes y avanzadas para procesar los inevitables desacuerdos humanos?A propósito, el filósofo e historiador de origen búlgaro Tzvetan Todorov, propone redefinir las categoría de bárbaros y civilizados, sobre la base de la relación con los otros diversos."Ser civilizados -sostiene- no significa que se tengan estudios superiores, sino que se sepa reconocer la plena humanidad de los otros, aunque sean diferentes. No son bárbaros quienes no tienen buena educación o han leído poco, sino quienes niegan la planea humanidad de los demás".Una crisis económica, como vive hoy Argentina, parece radicalizar el pensamiento de las partes (para quienes su forma de ver la realidad parece la única posible), generando las condiciones de exclusión de los que no comulgan con ese parecer.¿Cómo se resuelve el conflicto? ¿Ignorando la discrepancia, y a aquel que la formula, con el riesgo de caer en la barbarie, según la categoría de Todorov? ¿O resolviendo las dificultades con el concurso de los que piensan distinto, y por tanto civilizadamente?Contra los que se creen dueños de la verdad, y pretenden imponer su ideología a como dé lugar (incluso a costa de los hechos), el filósofo español José Ortega y Gasset enseñaba que toda mirada de la realidad tiene una alta carga de subjetividad.El problema no es que no exista la realidad -y por esto mismo lo que llamamos verdad- sino que es siempre captada desde las circunstancias del que conoce, que sólo está en condiciones de ver algunos aspectos, y no otros.Lo que hay son múltiples perspectivas, cada una de las cuales tiene su validez. Para alcanzar la verdad, por tanto, urge hacer un esfuerzo para unificarlas. Si aplicáramos el perspectivismo (como se llama a esta posición), al campo de lo social y político, quizá podríamos reconocer que siempre hay algo de "verdad" en la postura de nuestros adversarios.Entonces comprenderíamos que es insensato radicalizar nuestra percepción de las cosas.
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