No se lleva el viento las palabras
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Una cosa es el discurso y otra la realidad. Queremos creer en las palabras. Necesitamos desembarcar en la tierra prometida. Pero golpeamos contra los peñascos de la costa. Mario Alarcón Muñiz OpiniónEl final del año invita a la pausa reflexiva. Nos detenemos ante la alborada del nuevo período y miramos hacia atrás. Es habitual que esto ocurra. Al menos una ligera evaluación del camino recorrido, viene bien para saber si este es el rumbo conveniente.Por impulso del gobierno los argentinos hemos pasado el año entre Clarín y el dólar. Lo demás poco importa. Sólo interesa el derrumbe de Clarín y que al dólar no se lo lleven afuera (los chicos y medianos, porque los grandes se lo llevan a cada rato, con o sin permiso).No obstante, la recuperación de la mayoría accionaria de YPF constituyó el acto trascendente de 2012. Hasta ahora no sucedió mucho más -salvo el curioso acuerdo de estos días con la multinacional Chevron y el aumento de las naftas- pero nadie duda de la importancia de tener las riendas de la petrolera estatal. Hay que llevarlas bien, desde luego.La pelea con Moyano, las protestas de las CGT y CTA anti K, las movilizaciones populares del 13 de setiembre (inesperada y espontánea) y el 8 de noviembre (organizada), la rebelión de gendarmes y prefectos en octubre, el insólito embargo de la fragata Libertad ese mismo mes y los entuertos del vicepresidente Boudou y sus negocios turbios desde el poder, fueron episodios que sacudieron al gobierno. Tanto como la tragedia del ferrocarril Sarmiento, el 22 de febrero en Buenos Aires, donde 51 muertos y 700 heridos representaron el dramático mensaje de los negociados, la ineficiencia y el atraso. Improvisación y propagandaEl ferrocarril, precisamente, no ha sido la mejor tarjeta de presentación de los gobiernos nacional y provincial. El barullo preelectoral del 29 de agosto de 2011 en Salto, con Cristina y Pepe Mujica rehabilitando un cruce ferroviario que muy poco se había utilizado (apenas en 1980) e inaugurando el Tren de los Pueblos Libres con gran pompa de campaña, para unir Pilar (Buenos Aires) y Paysandú con una frecuencia semanal, se desinfló nueve meses después, cuando en mayo último Uruguay decidió hacerse a un lado. Se terminó el tren. En el mejor de los casos llegaron a viajar veinte pasajeros por semana entre puntos intermedios, nunca de una terminal a otra. La improvisación y la propaganda van de la mano.Mientras tanto, el ferrocarril Paraná-Concepción del Uruguay, en cuya inauguración viajó el gobernador hace dos años y medio, motivando una entusiasta recepción, ha circulado una vez por semana con algunas interrupciones por descarrilamientos. En enero no funcionará, acaba de informarse. Tampoco lo harán los ramales a Colonia Avellaneda y Villa Fontana.La tendencia de más ruido que nueces se puso de manifiesto a fines de 2010 al anunciarse que al año siguiente se reactivaría el tren Paraná-Federal. En julio de 2011 un diario oficialista tituló con gran entusiasmo: "Reactivan el ramal norte". Informaba que el gobierno destinaría a esa obra 42 millones de pesos (200 kilómetros). Poco después se llamó a licitación por dos millones para adjudicar la reparación de vías hasta La Picada (20 kilómetros). Todavía no hay servicio a La Picada. De Federal...lejísimo. Extraño y ajenoEntre otras esperas la del Delta no es la menor. Menos mal que el gobernador se dio cuenta a tiempo (buena señal: escuchó la protesta de la calle) y en febrero propició y obtuvo la derogación de la ley 10092, sancionada entre gallos y medianoche cuarenta días antes. A instancias del mismo gobierno se adjudicaban 200.000 hectáreas de tierras fiscales, en su mayoría del Delta, por 99 años a una empresa fantasmagórica. Al derogarse a tiempo la norma, el gobierno anunció una labor de consenso y estudio con todas las organizaciones posibles (INTA, universidades, ambientalistas, etc.) para defender, preservar y estimular la vida en el Delta y su producción sustentable. Apenas hubo una reunión con la Fundación M'Biguá hace diez meses. Silencio hasta hoy.Tampoco ha sucedido nada -en este caso en la Legislatura- con un proyecto relativo al mismo tema presentado a mediados de año por organizaciones ambientalistas de Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires dentro del marco del convenio suscripto por las tres provincias y la Nación en 2008 para preservar el gran humedal del Delta. Nadie atina a encarar el tema. Parece un asunto extraño o ajeno. Unos pocos ejemplosNo es muy diferente la situación frente a la destrucción del monte nativo. La ley nacional 26331 (ley Bonasso, de protección), cumple ahora cinco años. Otorga un año de plazo a las provincias para manifestar la adhesión y acceder así a los subsidios establecidos. No se sabe por qué razón Entre Ríos no adhiere. Recién en agosto el PE presentó un proyecto de adhesión y la Legislatura lo tiene congelado.Hay muchas cosas aún para demostrar que se habla más de lo que se hace. Que se publicitan las ilusiones (no quiero decir los engaños) con mayor fuerza. La realidad pasa por otro lugar que por lo general no se enmarca en los discursos oficiales.Los apremios financieros de la Provincia, el crecimiento de la deuda pública, las precipitadas correcciones del Código Fiscal (dos en diez meses) llevándose por delante en un caso a los productores rurales más pequeños y en otro la ley de conservación del suelo y el cierre de fuentes de trabajo (Calimboy de Villa Mantero, Alimentos San Patricio de Concepción del Uruguay, los despidos en el frigorífico Santa Elena y en molinos de San Salvador), son sólo algunos ejemplos. En este último rubro cabe señalar la reapertura del frigorífico San José en mayo como un hecho positivo.Queda claro que seguiremos señalando estas cosas, para demostrar que el viento no se lleva las palabras.
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