No todo es soja
Difícil discutir las enormes potencialidades agroalimentarias de Argentina. Pero el país tiene otras fuentes de riqueza que pueden desarrollarlo. Como es el caso de la industria informática.Que la Argentina diversifique su base económica -en contra de las antinomias históricas vernáculas, del estilo "industria versus campo"- debiera ser el desvelo de su clase dirigente.Los teóricos aseguran que el camino del desarrollo pude seguir modelos distintos, adaptables en todo caso a las culturas del país en cuestión. Aquellos que han logrado éxito han sabido combinar sabiamente la iniciativa privada con el fomento de un Estado inteligente.Por su falta de visión estratégica, de un plan de largo aliento, alguien ha dicho por ahí que Argentina, un país de extraordinarias potencialidades, sobre todo naturales, crece pese a los gobiernos y al Estado (vistos sobre todo como cargas burocráticas).(Los argentinos hemos entronizado un modelo propio, que tiene rasgos antisociales. Al fracaso colectivo lo compensamos con el éxito individual. Somos buenos jugando solos, pero nunca como equipo. ¿Superaremos alguna vez este carácter?)."Argentina, el país de las oportunidades perdidas". Así tituló hace poco un diario extranjero de renombre, al graficar la paradoja de un país rico que se empeña en ser pobre.Al margen del contenido pesimista de la frase, relativa a la antropología nacional, late allí la creencia de que la Argentina está por debajo de sus posibilidades.Esta última presunción emerge al leer un artículo reciente de José Luis Roces, vicerrector del Instituto Tecnológico de Buenos Aires, quien está convencido que la tecnología informática puede ayudar notablemente al desarrollo nacional.El autor se lamenta que Argentina no esté a la altura de la India -potencia emergente que lidera las industrias tecnológicas- pero recalca que está a tiro de ser un país altamente competitivo en este rubro."En otra escala, estamos en el radar de las compañías tecnológicas por varias razones: la calidad educativa promedio de la población, el nivel de inglés, la fuerte vinculación de la tecnología en edades tempranas y la base formativa en disciplinas informáticas", afirma Roces.El especialista llama la atención por la falta de vocaciones tecnológicas que existe en la Argentina. "Con 200 carreras de grado afines con la tecnología informática en el mercado, no logramos cubrir la demanda de las empresas con profesionales graduados", advierte."A esto se suman -agrega- los pocos docentes disponibles y la alta deserción universitaria porque algunas empresas tienen antes de tiempo a los alumnos. Con esta estrategia se cubren las necesidades de hoy pero se compran problemas de calidad en el futuro".Roces estima que en los próximos 10 años en Argentina faltarán alrededor de 20 mil profesionales por año para sostener un nivel de negocio competitivo. Sostiene, además, que "las vocaciones no llueven" sino que se "forman y se desarrollan en el tiempo".Con vistas a generar el capital humano que necesita el país, el especialista propone el "desarrollo asociativo entre empresas, comunidades y universidad, la capacitación de individuos de otras profesiones, buenas políticas de retención de talentos, apoyo del Gobierno y del sector privado a emprendimientos tecnológicos y de innovación".Sabemos que en la Argentina hay parques, polos e incubadoras tecnológicas, y varias empresas incentivando la gestación y el desarrollo de proyectos de tecnología.Todo esto es loable, pero parece insuficiente con vistas a convertir a la industria informática en un sector vibrante del desarrollo nacional.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

