
Todavía no se ha aclarado lo del proyecto de base norteamericana en el Chaco
Lo que se dice no siempre se hace. Ciertos discursos producen barullos a favor y en contra, mientras las cuestiones de fondo pasan por otro lado.Mario Alarcón MuñizLa visita presidencial a los Estados Unidos ha constituido el tema nacional importante de la semana. Es lógico. Se trata de la presencia argentina en el orden mundial. Al menos una vez al año, con motivo de la asamblea de las Naciones Unidas, a nuestro país se le presenta la oportunidad de plantear inquietudes, formular reclamos y exponer ideas en el ámbito mayor de la política universal. Si después se consiguen buenos resultados o no, es otro asunto. De manera simultánea, el viaje viene bien para ensayar o establecer algunos contactos y tratar de demostrar que los argentinos existimos y aquí estamos.Esa es la idea general, en la que coincidimos todos. Las formas, las interpretaciones y los matices nos separan. Y suelen hacernos perder el fondo de la cuestión. Eso sucedió esta semana. Entre las exposiciones de la Presidenta en dos universidades norteamericanas, su desprolija referencia a La Matanza provocando un torbellino de reacciones y la apertura del diálogo con Irán para darle una vuelta más al caso Amia sin resolver nada en 18 años, pasaron a segundo plano las cuestiones de fondo.Peor que antesLa demanda de diálogo por las islas Malvinas fue el tema central de la exposición presidencial ante las Naciones Unidas a comienzos de semana. Nada original, por cierto. Palabras más, palabras menos, unas veces duramente otras no tanto, el reclamo ha sido reiterado por la Argentina ante la misma organización durante los últimos 65 años. Los resultados están a la vista. Gran Bretaña no sólo se niega a dialogar, sino que ha establecido en las Malvinas una fortaleza militar, un área de exploración y explotación de petróleo y un sistema de control de la navegación y la pesca en el Atlántico Sur.¿La ONU? Bien, gracias. Es el organismo más grande, más caro y más inútil del mundo. Fue creado en 1945, al cabo de la segunda guerra mundial, para asegurar la paz universal y no ha evitado una sola guerra desde entonces. Lo integran miles de diplomáticos y funcionarios que perciben altas remuneraciones por vivir en Nueva York y viajar muchos de ellos por el planeta, sin beneficio alguno para la humanidad.La cuestión de las Malvinas está mucho peor que hace 30 años, cuando una curda de Galtieri nos precipitó en la tragedia. Y no hay forma de cambiarla, según se ve. Los discursos no alcanzan. Habrá que pensar en otra estrategia, desde luego legal y pacífica. La de ir durante el,año puerta por puerta a los 190 países integrantes de la ONU exponiéndoles nuestros argumentos, puede ser una forma válida de empezar a cambiar las cosas.Aclarar los tantosClaro que también hay que mostrar coherencia. La Presidenta reclama ante la ONU por la base británica en las Malvinas pero todavía no se ha aclarado lo del proyecto de base norteamericana en el Chaco, oportunamente denunciado en esta columna.También merece la pertinente explicación la relación de nuestro país con el Barclays Bank de Londres, operador del canje de la deuda externa argentina desde el 10 de diciembre de 2009, cuando el Poder Ejecutivo aprobó mediante resolución 267, el acuerdo firmado por el entonces ministro de Economía, Amado Boudou. Nada anormal hasta aquí. Pero sucede que el Barclays es el principal accionista de la Desireé Petroleum que ha instalado en las Malvinas una plataforma marina para robarnos el petróleo. El Barclays -dicho sea de paso- supo tener estrechas relaciones con la dictadura militar, a la que le prestó muchísimo dinero.Entre otras cosas, tampoco el gobierno ha aclarado si todavía es accionista de la empresa británica BHP Billinton, propietaria de la petrolera Falkland Oil instalada en las Malvinas desde febrero de 2010. Algunas de las ex AFJP poseían acciones de esa compañía. Debido a la reestatización del sistema previsional, los valores pasaron a la ANSES, es decir al Estado. ¿Qué se hicieron? ¿Dónde están? ¿Acaso somos socios de los mismos que denunciamos por usurpadores? Conviene poner los tantos en claro.Detrás de los discursosPor detrás de los movimientos más resonantes del viaje presidencial y debajo de los discursos antiimperialistas y supuestamente progresistas, el gobierno negocia casi en silencio con los grandes centros del poder económico. Es decir con los capitales concentrados. Este viaje no ha sido la excepción.El problema energético es uno de los asuntos centrales de este tiempo en la Argentina, si no el principal. La reciente reestatización de YPF (sólo del 51%, vale aclararlo) tiende a colocar el tema en el lugar que le corresponde. Además la realidad exige actuar, porque en el primer semestre de este año la producción petrolera argentina bajó el 1,25% con relación a igual período del año anterior. En el mismo lapso la importación de gas sumó 2.668 millones de dólares, contra 1.255 millones de los primeros 6 meses de 2011. Vamos para atrás.Aparentemente hubo contactos en este viaje a los Estados Unidos para elaborar algunos acuerdos. Y no está mal, según cómo se los resuelva. Pero sería conveniente que el pueblo lo supiera, enterándose en tal caso que la realidad anda a los tropezones por detrás de los discursos.