Ojo Cristina, Scioli, Massa y Macri no son De la Rúa
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Si la política hoy en la Argentina se construye con fotos y gestos y no con palabras, la concurrencia de Daniel Scioli a la muestra de Clarín en Mar del Plata fue todo un mensaje. ¿O será que ya nos acostumbramos demasiado a la ausencia de palabras y conceptos fuertes en política y una foto simple se considera más de lo que es? Algo de eso parece haber en este caso. Jorge Barroetaveña La interna en el oficialismo está que arde, aunque muchos dan la impresión de trabajar para el bonaerense, aún cuando no respaldan su candidatura. Scioli ha hecho del estoicismo una bandera de su carrera. Ha hecho de soportar ataques, críticas y ninguneos, una virtud parecida a la paciencia. Los lo que lo conocen saben que él interpreta la paciencia desde el dolor físico y afirman que su experiencia deportiva le ha servido con creces para su carrera política. Este Scioli es el mismo que se comió los desplantes de Néstor Kirchner, los retos de Cristina en el Senado y el ninguneo permanente descalificador de lo más granado del kirchnerismo. Y ha sido en todos estos años una pieza clave en el armado y sostén del aparato estatal. ¿Qué hubiera pasado si Scioli le daba la espalda a la Nación en el conflicto del campo en el 2008? ¿Qué hubiera pasado si, finalmente, abrochaba con Sergio Massa para las elecciones del 2013, dejando a la intemperie al kirchnerismo? Oportunidades no le faltaron, tanto que la acusación de tibio es un karma con el que deberá cargar por el resto de vida política que le quede. Pero Scioli es así, hay que tomarlo o dejarlo.Para los que lo conocen no les extrañó el gesto de ir a la Muestra de Clarín. Después de más de 20 años en política Scioli sabía el impacto que tendría su presencia y cómo quedaría expuesto ante las críticas. Se olvidan que el año pasado dio otro paso, más importante aún, cuando en una muestra en el Malva en Buenos Aires se abrazó y charló con Magnetto, la reencarnación de todos los males para el gobierno.Es que el candidato presidencial del Frente para la Victoria está en una encrucijada de la que sólo él puede saber cómo salir. La pregunta del millón es qué tiene que hacer para ganar. Su base es alta, pero su techo es bajo. Si se corre demasiado a la izquierda y radicaliza su discurso abrevando de la fuente del ultrakichnerismo le cierra los votos a un sector del electorado que está de acuerdo con muchas de las cosas que se hicieron en estos años, pero hoy tiene una postura crítica. Le cierra la puerta incluso a los que lo ven como 'el mal menor', antes que soportar otros cuatro años más de kirchnerismo. Pero si su discurso se vuelve demasiado crítico para conquistar ese electorado, corre también el riesgo de perderlo. Aún cuando los votos sean de Cristina y no de él, como se dijo en las últimas horas, el apoyo de la base le garantiza un piso del 20 o 25. Pero eso no alcanza para ganar, quizás para entrar en la segunda vuelta, más no para derrotar a Massa o a Macri.Aunque Scioli tiene una ventaja: es el único que puede mojar el pancito en el núcleo duro del kirchnerismo, si gana la interna claro está. Después tendrá que salir a pelearle mano a mano al resto de los candidatos, sobre todo Massa y Macri y ver quién sintoniza mejor con la demanda del electorado. Hay algo cierto a esta altura y cuando faltan 8 meses para las PASO: Scioli sigue siendo un candidato competitivo para el oficialismo, Massa cayó algo pero se mantuvo arriba y Macri duplicó su intención de voto en un año apenas. A principios de 2.014 apenas llegaba al 10%, hoy supera el 20, de acuerdo a la mayorìa de las encuestadoras.Scioli y Macri tienen otro dato a favor: la gestión y el manejo del inmenso aparato presupuestario de la Ciudad y la Provincia, lo que les permite una presencia casi permanente en los medios e ir marcando la agenda de temas. Claro, también los expone a cualquier catástrofe fuera de cálculo pero esa son las reglas del juego. Para Massa, sin gestión, fue complicado después de ganar en el 2013, mantener la iniciativa. Lo consiguió parcialmente con su oposición a la reforma del Código y con algunas movidas políticas como su acercamiento a Morales en Jujuy. Tan mal no le fue. Para varios encuestadores sigue arriba aunque por menos margen.La extinción de los partidos politicos tal como históricamente se han conocido en la Argentina es otro dato importante. Hoy, candidato que no es conocido por el electorado, difícilmente sea votado. Puede haber candidato sin partido pero no partido sin candidato. El ejemplo de Insaurralde en Buenos Aires sirve de muestra: mide él solo, independientemente de porqué partido sea candidato. Extraño pero cierto. Tampoco, mal que nos pese, se necesita un discurso demasiado sustentable. ¿Qué es realmente lo que piensan Massa, Scioli y Macri? Es cierto que los dos últimos lo muestran con su gestión y Massa lo hizo en Tigre pero es imposible comparar cualquier distrito con gobernar la Argentina entera con sus miles de diversidades.En este somero análisis falta un elemento: la decisión e influencia de la Presidenta de la Nación. Es cierto que no le alcanza para imponer un candidato pero si para condicionar al propio. Cristina ha reducido al peronismo a su mínima expresión, como hizo Menem también, sometiendo a los gobernadores al mero papel de aplaudidores. El peronismo en pleno, o lo que queda de él, asiste impávido sin tener arte ni parte en el debate clave de la sucesión. ¿Se conformará quizás con presentar dos propuestas competitivas como Scioli y Massa? ¿Y hasta con los sectores peronistas que acompañan a Macri? Huele a poco y exiguo comparado con su historia. Pero es el papel que eligieron o, en todo caso, les impusieron.La especulación de la transición a la chilena está. ¿Podrá ser que a la Presidenta no le importae perder? ¿Esmerilar al candidato propio, poner a un opositor-opositor enfrente y después que gane hacerle la vida imposible? ¿Un retorno antes incluso del 2019? Algunos gestos del kichnerismo se parecen a eso. Scioli que es el candidato más competitivo, vive atajando penales que le tiran los propios y no los ajenos. Massa tiene muchos peronistas detrás y Macri podría ser el más débil. Claro que, cualquiera de ellos, cuando agarre la manija tendrá su oportunidad. Y De la Rúa, hubo uno solo.
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