Once días y once noches nos separan del final: ¿será feliz?
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Agárrese fuerte porque serán dos semanas a todo o nada. El 25 de octubre llegó y nada quedará para después. No hay mañana. Será una montaña rusa en la que el poder y 12 años de kirchnerismo estarán en juego. Se acabaron las especulaciones y para ganar hay que hacer algo.Jorge BarroetaveñaApenas uno o dos puntos separarán la gloria del cadalso. El 25 por la noche se sabrá si Daniel Scioli pudo domar sus propios fantasmas, si Macri con el souvenir de Cambiemos pudo armar algo serio o si Sergio Massa protagoniza una remontada histórica. Serán unas pocas centésimas quizás las que definan la historia por eso se impone una votación transparente y un recuento aún más riguroso. No sólo hay que serlo, sino también parecerlo. Y esta preocupación debería ser de todos, incluso del candidato oficialista que, según la encuesta de las PASO, es el que tiene mayores chances. ¿De qué le serviría a Scioli zafar de la segunda vuelta en medio de sospechas de la manipulación del resultado o de denuncias de fraude como pasó en Tucumán, más allá que todos sepamos el final?Daniel Scioli siempre se supo el mal querido. Nada de lo que ha hecho en todo este tiempo de campaña sirvió para despejar la idea que el kirchnerismo tiene de él. Sólo la casi certeza de una victoria le granjeará nuevos amigos, como suele suceder en política. Será la fe de los conversos, que nunca alcanzará de todos modos para aventar los recelos. Juan Manuel Urtubey, el salteño, pareció ser en las últimas semanas la voz de la conciencia del candidato. Hizo y dijo todo lo que Scioli no puede decir para no malquistar su principal apoyo. Aunque, más allá de los fondos buitre, una cosa de las que dijo el salteño pareció un mensaje directo al corazón: "hay muchos integrantes de la actual gestión que no entienden que en dos meses deberán volver a sus casas", disparó sin anestesia. Para rematar: "la Argentina tiene una mala imagen a nivel internacional y por eso nadie nos quiere prestar nada. Siempre pensé que hay que pagarles a los fondos buitre y digo lo que pensamos la mayoría de los argentinos". Nada de esto incluye el decálogo de la década ganada.Todos los candidatos coinciden en la necesidad que tendrá el próximo gobierno de conseguir dólares, si se quiere evitar una devaluación brusca. Para los que se van será todo ganancia porque ellos no tocarán el tipo de cambio, pero el entuerto deberá solucionarlo el que venga, se llame como se llame. Por eso viajó Urtubey al Consejo de las Américas y Scioli se lo dijo en clave a los empresarios que lo escucharon esta semana. El que siente sus reales en la Casa Rosada a partir del 10 de diciembre no tiene muchas alternativas: todos los saben y la mayoría lo calla.En este equilibrio consumió Daniel Scioli su campaña. Con la presencia omnipresente de Cristina Fernández de Kirchner que no parece resignarse a dejar el poder, ni siquiera hasta el último día. La Presidenta siente la necesidad de recordarle a la sociedad argentina pero especialmente a su sucesor, cuán importante ha sido y cómo se debe preservar su legado. El candidato oficial no sólo ha tenido que lidiar con eso, también con un aspirante incómodo a sucederlo en la Provincia de Buenos Aires como Aníbal Fernández. Casi como un cancerbero, el aún Jefe de Gabinete, le recuerda a Scioli todos los días cuál es su origen y porqué está dónde está. Es algo así como el oráculo del kirchnerismo al que se consulta en caso de dudas. Claro, el pobre Aníbal carga su propia mochila, un poco más pesada en las últimas horas con la citación a indagatoria por el Plan Qunita que dispuso el Juez Claudio Bonadío.En algún momento Scioli parece resignado a llegar sólo con el apoyo de los duros. Al cabo, hasta acá llegó y sólo le falta un puñado de votos para evitar el infierno.Mauricio Macri, el hombre que nació a la política desde el club más popular de la Argentina, también lleva sus propias contradicciones. A la historia pasará su mezquindad si las urnas comprueban que se quedó en la puerta por no haber llegado a un acuerdo con el peronismo opositor de Sergio Massa. Si pierde, ¿será el fin de su carrera política? ¿O la criatura política que alumbró podrá sucederlo y llevar su influencia a todos los rincones del país? Si gana tendrá el desafío de demostrar que hay vida después del peronismo.Sergio Massa quizás aprendió la lección. Estrella fulgurante en el 2013, despilfarró una parte importante de su capital político. La historia le reservará otro lugar junto a Macri si son derrotados por Scioli. De los tres es aún el único que demostró la capacidad de reinventarse. El Massa de hoy no es el mismo que llegó al fondo en las encuestas. Pese a las mordidas del kirchnerismo resiste y pudo consolidar un porcentaje de sus votos, que todavía hoy no le alcanzan para colarse entre los dos primeros. Pase lo que pase es obvio que seguirá en política y su futuro tiene mucho que ver con lo ajeno. En un peronismo derrotado su figura crecerá, en uno victorioso le será mucho más complicado.Con el diario del lunes, es probable que todos se olviden del faltazo de Scioli al debate. Seguramente no estará en los análisis o se considerará que su influencia ha sido débil. Pero hubiera sido bueno que se animara a dar ese paso y a dar el ejemplo. El silencio siempre es la peor respuesta. Hay que hablar, y saber que el error forma parte del hacer. Faltan once días y once noches para saber si el culebrón se termina o sigue unos días más. Y el final no está escrito en ningún lado, o sí, habita en cada conciencia de los argentinos.
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