Orgullo
Visité Haití en 1993, donde fui como jefe de una delegación de profesionales de Naciones Unidas.Por César Chelala *Nuestra tarea consistía en determinar las consecuencias del embargo que las Naciones Unidas había impuesto sobre la población de ese país. Estábamos hospedados en un hotel de relativo lujo, en una de las mesetas cercanas a la capital Port-au-Prince. De allí se podía tener una vista panorámica de la ciudad y sus alrededores. Esta no era muy atractiva ya que se veía mayormente un panorama de tierra seca con pocos árboles. Había una cierta discordancia entre el lujo relativo del hotel y la pobreza circundante. Terminada nuestra misión, decidí salir a la mañana a dar una pequeña caminata alrededor del hotel. De repente, escuché un rumor de niños que traté de ubicar, cuando me di cuenta que venía de un grupo de niños y niñas que se dirigían cantando a la escuela. Todos iban inmaculadamente vestidos, a pesar de las dificultades para obtener agua para lavar en esa zona. No pude dejar de asombrarme de cómo, en un ambiente tan inhóspito, los padres de estos chicos eran capaces de prepararlos en forma tan pulcra para ir a la escuela, tarea que ellos cumplían con enorme alegría, mientras sus libros colgaban precariamente de sus bolsas escolares. Entonces me di cuenta que más que un incidente trivial -la visión de esos niños y niñas alegremente yendo a la escuela-, era un toque de magia en sus vidas, y siendo testigo de ella, también lo era en la mía.(c) LA GACETA- Para LA GACETA - NUEVA YORKCésar Chelala - Periodista y médico.
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