Otra opereta criolla
La cruzada K contra Martín Redrado y la resistencia a renunciar del presidente del Banco Central -cual héroe de película que no quiere rendir sus armas-, tienen en un punto algo de delirio.Bajo cierto aspecto, esta pelea se asimila al género de la opereta criolla, el tipo de teatro cuya característica es tener una trama argumental inverosímil y disparatada. La vida política e institucional de la Argentina es pletórica en este sentido.El episodio viene rodeado de condimentos nacionales y populares. Uno de cuyos elementos infaltables es la puesta en escena de una retórica inflamada y de la desmesura gestual.Resulta que Redrado, que es jefe del Central por decisión de los Kirchner, ahora ha devenido en un representante de la "derecha" apátrida. Y por tanto hay que saltear todas las vallas institucionales para apartarlo de ese lugar.Se habría puesto en marcha, así, toda la maquinaria de presión oficial, que utiliza un nutrido menú de herramientas informales, para eyectar de su cargo al funcionario díscolo.Al susodicho funcionario, a su vez, parece gustarle su papel de rebelde. Ha trascendido que especula con el favor de la opinión pública. Y no le desagradaría convertirse en el nuevo Julio Cobos de la Argentina.Por alguna razón misteriosa, quienes se van de este gobierno, en abierto encono con el matrimonio presidencial, se revisten de cierta aura popular, adquieren celebridad repentina, con patina de heroísmo republicano.En el exterior ya han aceptado la extravagancia de un país que ha hecho de la anomia y la pulsión autodestructiva su segunda naturaleza. Por eso allí ya no sorprende esta pulseada.La disputa por las reservas del Banco Central, eje de la controversia con Redrado, ha instalado la sospecha de que el gobierno, con cuentas fiscales en rojo, necesita de financiamiento para sostenerse en el poder.En este esquema, el pago de deuda externa con reservas, liberaría al gobierno de tener que distraer fondos del presupuesto con ese propósito, lo cual le permitiría mantener el actual nivel de gasto público, necesario para sostener el proyecto político oficial de cara al 2011.Analistas y operadores del exterior, que habían festejado la intención oficial de pagar deuda, coinciden ahora en que la pelea con Redrado engendra un mar de incertidumbre, que conspira contra esa operación."Si Redrado se va, habrá una pérdida institucional, si se queda, instala el conflicto en el gobierno, y si los Kirchner dan marcha atrás, se deberá dar cuenta de dónde se piensa sacar la plata".Así evaluó la situación Rafael de la Fuente, economista jefe para América Latina del banco francés BNP Parivas. "Se mire por donde se mire -continuó- el gobierno se ha puesto en una situación muy difícil y una medida que en un principio estaba diseñada para generar confianza, terminó provocando lo contrario".Corolario: la trifulca le haría pagar un alto costo al país, desde el punto de vista institucional y a la vez económico. El resultado de esta nueva polémica -como la que se instaló con el campo- se volvería contra el país.Para el ex ministro de Economía Roberto Lavagna lo central no es esta pulseada con el jefe del Banco Central -que como decimos tiene ribetes ficcionales y de desmesura-.En su opinión, lo que está en juego es que el gobierno, más preocupado por sostenerse en el poder, va camino a "un mayor endeudamiento" por el que se dejará "una herencia tremendamente pesada" al próximo gobierno.La Argentina he empezado el año del Bicentenario con uno de esos clásicos episodios que la denuncian incurablemente extravagante e impredecible.
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