Otro capítulo de la Argentina salvaje
El escándalo en la cancha de Boca, por la agresión con gas pimienta a los jugadores de River, trasciende el marco de la violencia del fútbol. Se inscribe más bien en un clima de furia y crispación social, que viene de lejos. "Relatos salvajes", la película argentina que ha competido en los festivales internacionales de cine, recoge en gran medida la ira con la que se reacciona en estas latitudes ante el menor contratiempo.Se trata de seis historias breves, aunque unidas por una sola temática: "la difusa frontera que separa a la civilización de la barbarie, del vértigo de perder los estribos y del innegable placer de perder el control", según expresión de su director Damián Szifron."Los argentinos estamos estallando como bombas. Los relatos salvajes de escenas cruentas atraviesan todas las clases sociales y situaciones. La violencia está instalada en la sociedad", concluye el periodista Gustavo Sierra, del diario Clarín.En un interesante informe sobre el tema, Sierra ofrece la opinión de distintos especialistas. En la diversidad de pareceres subyace, sin embargo, el reconocimiento de una idéntica mecánica de resentimiento y lucha."Hay mucha gente desprotegida, atemorizada, en la incertidumbre. Esto trajo un gran crecimiento de la violencia interpersonal. Se llega muy fácilmente al homicidio, lo muestran las encuestas, como escalamiento del conflicto entre dos personas", refiere Alberto Föhrig, politólogo de la Universidad de San Andrés.Según la profesora de filosofía y bioética Diana Cohen Agrest, se trata de "una espiral de violencia incrementada por un imaginario colectivo que desde que finalizó la dictadura, asocia toda forma de autoridad con autoritarismo. La falta de respeto a las normas seguidas de la ausencia de sanción condujo a que la gente viole la ley confiada en que no recibirá castigo".El historiador Jorge Ossona habla, por su lado, que tenemos "una larga tradición violenta en nuestra historia" y hoy rige "un tipo de régimen político que ha hecho del conflicto y la lucha facciosa una virtud cívica".El psicoanalista Sergio Zabalza conecta el fenómeno a "un ansia de satisfacción, un exceso que llamamos goce. Queremos gozar, estar satisfechos. Y ante el mínimo fracaso, aparece la violencia".Podría atribuirse la crispación argentina al deterioro económico y social desde hace varias décadas. Las sucesivas crisis económicas habrían ido generando resentimiento en amplias capas sociales.Al respecto Föhrig dice: "Aquí se perdió totalmente la movilidad social que caracterizó a este país por décadas. Ya hace mucho que no somos 'un país europeo'. Esto crea una clase media frustrada, con miedo, porque ya con los valores del trabajo y el estudio no se consigue un bienestar aceptable. Y una clase baja que vive profundamente ese estancamiento, con un tercio de los argentinos en la pobreza y sin ninguna esperanza de salir de ella".Otro vínculo que se rompió, dice el docente de la universidad de San Andrés, es el esquema familiar de protección. "Los miembros de las familias extendidas de principios del siglo XX se ayudaban mutuamente. Hoy hay familias ensambladas donde ya no están esos lazos de solidaridad", agrega.Más allá de estas explicaciones, y en un año electoral, lo ideal sería que el discurso público "no agregue más leña al fuego", como se dice, sino que apele a los valores de la confraternidad y la convivencia pacífica.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

