País del desahorro
"No hay nada nuevo bajo el sol", dice la Biblia. Tampoco en la Argentina, donde sus habitantes ahorran en dólares, fugan sus ganancias, el gobierno sale a pedir plata afuera, y el crédito interno brilla por su ausencia.¿Esta película no la vimos ya? Desde hace décadas el país vive en una crisis permanente. Es que los argentinos somos así. No estamos llamados a la normalidad.Parece una cuestión genética que impugna aquello de que "estamos condenados al éxito". Nuestra economía es reflejo de esta antropología vernácula.El capitalismo "nacional y popular" es sui géneris. Funciona sin capitales. ¿Cómo? No es que el país no produzca ahorro, ni esté imposibilitado de generar riqueza.No. Al contrario: pocas naciones como la nuestra están en condiciones de acumular renta suficiente para tener un desarrollo vibrante. El problema es que estos capitales se fugan del país acumulándose sobre todo en los bancos del exterior.Hay tanta plata afuera como deuda pública existe (Se habla de más de 150 mil millones de dólares). Hay íntima correlación entre los dos fenómenos: ante la falta de capitales para financiar la economía local -por la huida argentina- los gobiernos han apelado al endeudamiento externo constante.Esto se echa de ver actualmente. Desde el segundo semestre de 2007, se han fugado del sistema la friolera de 45 mil millones de dólares, aproximadamente.La contrapartida: el gobierno K, que ha venido despotricando contra el FMI, ha debido arrugar ante ese organismo. Ahora hace intentos desperados por amigarse porque no tiene cómo financiarse.Encima nadie le presta a la Argentina en el mundo. Los inversores extranjeros se siguen preguntando: ¿por qué deberíamos creer en un país cuyos habitantes sacan su dinero al exterior?Con fugas constantes de capitales es natural que Argentina sea un país sin crédito. Las familias y las empresas no encuentran la manera de financiarse. El tema se debatió horas atrás, en un cónclave de banqueros privados.El sistema financiero argentino es subdesarrollado, concluyeron. "Tenemos la menor relación crédito/PBI de la región, ¡aún menor que Venezuela!", destacó el economista Luis Secco.Detrás de esta falta de crédito, dijo, subyace el problema básico del desahorro por la constante fuga de capitales. "Si ni siquiera tenemos una unidad de cuenta (en referencia a una moneda con la que sea posible pactar a largo plazo), pensar en una oferta de financiamiento para el desarrollo es hacer ficción", diagnosticó Secco."Tenemos una banca meramente transaccional, que basa sus negocios en esos depósitos y, por lo mismo, se especializó cada vez más en los préstamos cortos", apuntó por su lado el financista Daniel Marx.Los especialistas coincidieron en que no están dadas las condiciones para el surgimiento de una oferta crediticia "útil para el desarrollo" al tiempo que pronosticaron que la tasa de interés de los préstamos más comunes (para consumo o capital de trabajo de empresas), seguirá alta y no volverá a los niveles precrisis.¿Cómo se explica todo este barullo? Respuesta: los argentinos siguen sin creer en su gobierno, y han perdido la fe en el país y en sus instituciones, al punto de preferir sacar su renta del sistema económico local.Por otra parte, seamos sensatos: difícilmente alguien quiera invertir en un país donde violar la Constitución -especie de regla de juego general- es un deporte nacional, sobre todo para su dirigencia política.Parece que no ha nacido todavía la elite que consiga atraer el inmenso ahorro argentino depositado en el extranjero y que logre convencer a los argentinos de que paren de fugar sus ganancias.
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