Paradoja de un país que exporta su ahorro
Mientras el gobierno lidia por estos días con el problema de conseguir divisas, para mantener la economía funcionando, los activos externos de residentes argentinos se ubica en alrededor de 340.000 millones de dólares. De un tiempo a esta parte la economía argentina se quedó sin el combustible de los dólares. Síntoma elocuente de este cuello de botella es el "cepo cambiario", una medida gubernamental decretada en noviembre de 2011.Por este mecanismo se quiso evitar, justamente, la creciente demanda de la divisas por parte de familias y empresas, en un contexto de desconfianza y de atraso cambiario.Siguiendo la ley de Gresham, que afirma que la mala moneda circula y la buena se atesora, los argentinos empezaron a huir del peso para refugiarse en el billete verde. Entre 2007 y 2011 se consolidó esta tendencia, debido al regreso de la inflación.De esta manera los dólares que ingresaban por la ventanilla comercial del boom sojero se fueron por la ventanilla financiera a cajas de seguridad, colchones y cuentas en el exterior.Para detener esta dolarización de los agentes económicos, que colocaba al país ante la imposibilidad de financiar las importaciones y el pago de la deuda externa, el gobierno dispuso el control de cambio (cepo).Ahora mismo la política económica está enfocada en que el Banco Central (BCRA) no pierda reservas y en evitar una nueva brusca devaluación del peso, como la que hubo en el verano pasado.Que el billete verde haya devenido en un bien escaso en estas pampas sorprende por varios motivos. En principio porque en el mundo sobreabundan los dólares, en una década de tasas de interés mundiales bajísimas.Además la falta de dólares ocurre en un contexto en que el país disfrutó de los términos del intercambio más favorables en la última década (materias primas caras y manufacturas baratas), con un boom de la producción agrícola gracias a la soja.Pero acaso lo más llamativo es que la restricción de dólares tiene lugar en un país cuyos residentes se llevan sus ahorros al exterior por montos desopilantes. A fines de 2013, los activos externos rondaban los 337.000 millones de dólares, según la Fundación Norte y Sur.Esto quiere decir que hay otra Argentina fuera de la Argentina, financiando el crecimiento económico de otros países. La paradoja es que esto ocurre mientras la economía nacional ve frenado su crecimiento por falta de divisas.Hay que pensar que los dólares que viene produciendo el agro ya no alcanzan para financiar la compra de maquinarias, equipos e insumos importados, sin los cuales la industria no puede producir.Esto se echa de ver en el último tiempo en la industria automotriz y en la armaduría electrónica de Tierra de Fuego. Estos sectores, que dependen de divisas extranjeras para funcionar, hoy han perdido dinamismo por su escasez.Argentina ha devenido con los años en un exportador neto de capitales. Nunca ha sido un país estable -ha vivido a los tumbos, de crisis en crisis- a causa de lo cual el ahorro de los argentinos se ha fugado.Cada tanto las autoridades nacionales, sobre todo cuando se inicia un nuevo gobierno, dedican sus viajes al exterior, justamente, a convencer a los inversores foráneos para que inviertan en el país, con el argumento de que es un lugar seguro y confiable. Pero siempre sobrevuela la misma contradicción: ¿por qué los inversores extranjeros tendrían que confiar en un país en el cual sus propios ahorristas, los argentinos, prefieren fugar su dinero?
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