Paradojas que exhibe la universidad argentina
La universidad pública es gratuita y de acceso irrestricto. Pero parece que beneficia más a la clase acomodada. Por otro lado, el país tiene un bajo nivel de graduación universitaria.¿Quiénes concurren a la universidad pública, la que se financia con los impuestos de todos? La filosofía que sostiene esta institución hace eje en el principio de que todo ciudadano, no importa su condición socioeconómica, puede seguir una carrera en ella.¿Hay "universidad para todos" en Argentina? Pues bien, un estudio del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), trae una conclusión inquietante al respecto.La investigación tomó como base datos de la Encuesta Permanente de Hogares que hace el INDEC, y tomó bajo estudio el grupo de entre 20 y 25 años.Así, encontró que entre el 20% de los hogares pobres, sólo el 12% de los jóvenes cursa estudios universitarios, mientras que el 30% no estudia, ni trabaja ni busca trabajo.En cambio, en el 20% de los hogares de más altos ingresos, el porcentaje de universitarios trapa al 43%. Sobre el total de esa franja etaria, va a la universidad el 24%.Conclusión: pocos pobres van a la universidad gratuita. ¿Cómo es posible que una organización que se dice igualitaria, y que se lleva una importante inversión pública, tenga pocos pobres entre sus alumnos?A todo esto, la terminación de los estudios universitarios permite a un trabajador a lo largo de su vida activa obtener ingresos hasta un 46% superiores a los de uno con secundario completo, según consigna en un informe el IERAL, el instituto de estudios económicos de la Fundación Mediterránea.El estudio indica que a mayor educación hay "más probabilidad de conseguir un puesto o, alternativamente, menor probabilidad de estar desempleado en el futuro".También el IERAL señala que permite "acceso a puestos de mejor calidad, no sólo mayores ingresos sino también puestos más estables, con mejores condiciones laborales".Pero la universidad argentina, tanto estatal como privada, exhibe otra paradoja. Su nivel de graduación es inferior al de Panamá, Brasil, México, Chile y Cuba.Según los expertos, se trata de un déficit preocupante en un siglo dominado por el protagonismo de la universidad. En nuestro país menos de 14 jóvenes cada 100 en edad de graduarse obtienen título universitario.Las universidades estatales argentinas gradúan cerca de 70.000 estudiantes anuales (sólo 23% de los ingresantes), la tercera parte de Chile y Brasil (63% de los ingresantes).Hace poco Héctor Sauret, rector de la Universidad de Concepción del Uruguay (UCU) y presidente del Consejo de Rectores de Universidades Privadas (CRUP), expresó su inquietud por este tema, en diálogo con EL DIA."Si tomamos la cantidad de estudiantes que ingresan a la universidad con la cantidad de estudiantes que se gradúan -indicó-, se va a encontrar que la tasa de deserción entre el segundo y el tercer año para la pública está en el 70 % y para la privada en el 30 %. Lo cual revela que el sistema no retiene ni gradúa en tiempo óptimo. Y esto es una ineficiencia grosera, grave, que hay que asumir y rectificar".Por otro lado, la oferta universitaria, ¿está en sintonía con lo que el país necesita? Hay varios indicadores que sugieren que existe un divorcio entre la formación que imparten las altas casas de estudio y lo que el mercado necesita.Se cree que la matrícula universitaria argentina está más anclada en disciplinas clásicas, que en aquellas orientaciones científicas y tecnológicas que dan respuestas a las exigencias de producción y el empleo en el mundo globalizado.
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