Participación y ausencias
La participación popular es signo de vitalidad democrática, pero a veces desnuda ausencias preocupantes. Por Mario Alarcón Muñiz No es fuerte la democracia si el pueblo se muestra indiferente a los problemas del país, la provincia o la sociedad. No son cosas de otros. Son de nosotros. Hasta ciertos asuntos que puedan parecernos lejanos, tarde o temprano influirán en nuestra vida, de manera directa o por gravitación de sus derivaciones.En consecuencia, meterse en los problemas y actuar según las posibilidades y la interpretación de cada ciudadano, es un requerimiento de la vida democrática. Elegir legisladores cada dos años y votar cargos ejecutivos cada cuatro, son actos legítimos, importantes y necesarios, pero no dejan de representar una mera formalidad si no se los acompaña con el seguimiento de las acciones de gobierno, el apoyo o la crítica, las propuestas o los reclamos. Con o sin cacerolas En lo que va del siglo XXI hemos observado en nuestro país una interesante serie de manifestaciones que sugieren un cambio ciudadano al que es menester prestar atención.Allá por 2001 la crisis sacó la gente a la calle. Nadie la convocó ni la organizó. Con cacerolas o sin ellas la demanda era durísima: "¡Que se vayan todos!".Al final no se fue nadie. Se quedaron todos como si nada hubiese ocurrido. Apenas se modificaron algunas posiciones en el tablero, pero las fichas, usadas y gastadas, siguieron siendo las mismas.Las asambleas que entonces se constituyeron, casi todas espontáneamente, no modificaron nada. Hasta hoy se ignora si en el fondo querían cambiar algo o consideraban suficiente golpear la olla. Algún intento de organización política naufragó en la discusión barrial. Faltaron ideas, cohesión, acción y quizá dirigentes, elementos indispensables para formalizar la creación de un partido. "Causa nacional"Por un motivo absolutamente distinto, poco después de aquella experiencia surgió el movimiento vecinal más fuerte que se haya conocido hasta hoy en nuestro país: la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú. Nos ahorraremos consideraciones que el lector conoce y casi todos compartimos.Sólo apuntamos la importancia de la asamblea, su independencia política, el espíritu democrático que la anima, su capacidad de lucha y su persistencia, características distinguidas de este movimiento que llegó a golpear las puertas de la Corte Internacional de La Haya.No lo hicieron autoridades, funcionarios ni legisladores, menos los partidos políticos. Una declaración de vez en cuando no convence. Menos el gobierno que a esta lucha le dio el carácter de "causa nacional" y después denunció por "agitadores" a los asambleístas.En todo momento la gente de la Asamblea se las arregló para suplantar a los factores de poder y hacerse cargo de una lucha de la que siempre desconfiaron los gobiernos por no estar acostumbrados a planteos de esta índole, de frente y sin intenciones electorales. Agro, Delta y UaderTambién fue diferente el motivo que movilizó al campo en 2008. Allí estuvieron a la cabeza entidades del sector, ya constituidas, pero al grueso de los contingentes de lucha lo integraron chacareros independientes que encontraron en las columnas agrarias su ámbito de expresión y de protesta. Por estos días tienden a reinstalarse de modo parecido los reclamos ruralistas.La Asamblea Ciudadana de Defensa del Delta, constituida a principios de año a raíz de haberse sancionado en diciembre la ley 10.092, de entrega del Delta por 99 años a un consorcio fantasmagórico, logró la derogación de la norma y obligó a estudiar el futuro de nuestros humedales.No lo hizo sola, sino con el concurso de otras entidades ambientalistas, pero demostró que la opinión pública movilizada de esta forma, gravita en la vida provincial.La comunidad educativa de la Uader y principalmente los centros de estudiantes, se han propuesto desde marzo último resistir la intervención oficial en la universidad entrerriana y propiciar su normalización definitiva. Las frecuentes movilizaciones han situado el problema en la calle. La Asamblea Interclaustros ha alcanzado un notable protagonismo planteando su proyecto de manera decidida ante el gobierno, los ministros y la comisión bicameral. La gente por su cuentaSon variados los problemas que motivan las reacciones de la gente. Ésta parece pasar de largo frente a los partidos políticos y los gremios y se une para reclamar por su cuenta, sin intermediarios. En varios de los principales hospitales de la provincia el personal se ha autoconvocado, aclarando que lo hace por separado de sus gremios ATE y UPCN.Con la inseguridad sucede algo similar. En varios barrios de Paraná los vecinos, hartos de no ser escuchados por autoridades, legisladores o concejales, constituyen grupos o comisiones para exigir a la Policía las soluciones pertinentes. En varios casos estas consisten en acciones conjuntas y coordinadas.Las señales de participación popular son siempre auspiciosas. Sin embargo, suelen revelar ausencias preocupantes. El gobierno, los partidos políticos, los gremios, parecen entretenidos en otras cosas. Y esto puede ser grave.
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