Pasión nacionalista en la Copa América
El torneo sudamericano de selecciones de fútbol que tiene lugar en Chile ha reactivado las viejas rivalidades nacionalistas. Las aficiones chilena y argentina, por caso, calientan un clima prebélico para el partido final. El famoso canto "Brasil decime qué se siente" que coreaban los hinchas argentinos en el Mundial 2014 fue adaptado en una nueva versión contra Chile que toca el tema de las Malvinas.En el país trasandino se alzaron voces indignadas ante lo que llamaron "vergonzosa muestra de nacionalismo xenófobo". Y en los portales digitales chilenos se leen los versos del nuevo canto argentino como una verdadera agresión."Chile, decime qué se siente, saber que se te viene el mar/ Te juro que aunque pasen los años, nunca nos vamos a olvidar/ Porque vos sos un traidor, vigilante y botón, nos vendiste en la guerra por cagón/ Por acá no vuelvas más, ojalá te tape el mar, que te ayuden los ingleses a nadar", corean los hinchas argentinos.El fútbol, pasión de multitudes, se muestra otra vez como un vehículo inmejorable para albergar mensajes tribales agresivos y hacerlos volar a trepidante velocidad.Los hinchas chilenos participan también de la efervescencia nacionalista. Silbaron el himno argentino en Concepción, en el partido que disputaron las selecciones paraguaya y argentina."Borombombón, borombombón, el que no salta es argentino maricón". Este 'hit' de los chilenos sonó muy fuerte en esa cancha, un anticipo de lo que se vivirá el sábado en el estadio nacional de Chile, cuando tengan que medirse ambos equipos.Algunos jugadores argentinos tomaron nota del clima beligerante que se ha planteado. "No tenemos que meter a la gente en la política porque somos países hermanos. Esto es un deporte y hay que tomarlo como un divertimento y no como una guerra. Ojalá que todos entiendan esto", afirmó Javier Mascherano, mediocampista de la selección.En América Latina, donde el fútbol se vive como una religión de masas, este deporte logra lo que ningún otro evento colectivo: despertar emociones exorbitadas.En torno a la pelota y a una camiseta (más allá del gran negocio que hay detrás) las multitudes construyen identidades, es decir se sienten incluidas en un colectivo social.El fútbol logra que muchísima gente tenga un sentimiento de pertenencia a un grupo social, como puede ser el "nacional". Esto se acompaña de toda una simbología, en torno a colores e himnos.Lo que llama la atención es el clima hostil que el fútbol activa en Sudamérica, donde en teoría existen una cultura común y solidaridad regional.Hay quienes piensan que la llamada "unidad latinoamericana" es más retórica que práctica. Eso cree, por ejemplo, la especialista chilena en opinión pública Marta Lagos, directora ejecutiva de Latinobarómetro.En una reciente entrevista, confió que en la región reina el rechazo por el otro. "Cuando preguntas cuál es el país más amigo en América latina, el único que aparece es Brasil, y es porque es distinto del nuestro. ¿Qué hace Chile? Se pelea con Perú, con Bolivia. ¿Se hacen amigos? No. ¿La Argentina y Chile? Se pelean durante siglos. Argentina se pelea con Uruguay, Perú con Bolivia. En América Latina no hay guerra, pero no hay amistad", reflexionó.Por lo visto el fútbol, al mismo tiempo que crea una comunidad y genera una identidad y un "otro" del cual diferenciarse, es vehículo en esta parte del mundo de la pasión xenófoba (odio al extranjero).
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