Peligroso clima de intolerancia
El ataque al semanario 'Charlie Hebdo', en pleno corazón de París, que causó la muerte de 12 personas, se inscribe dentro de una atmósfera de extremismo ideológico que pone en riesgo la paz global.El horrendo episodio, que provocó shock e indignación no sólo en Francia sino en todo el mundo, se ha visto como un atentando a la libertad de expresión.Pero esa lectura escamotea un problema de fondo y que atañe al deleznable extremismo que se ejerce sobre el Otro, no importa su procedencia racial o cultural.Durante su viaje a Turquía, el Papa Francisco ha dicho que todo grupo fundamentalista es violento aunque "no mate a nadie o no le pegue a nadie". Lo que implica que se puede humillar simbólicamente a otros, afectándolos gravemente en su dignidad.Al respecto, cabría preguntarse si reírse de razas o religiones no es algo que lesione la identidad ideológica de otros grupos, aunque se lo haga en nombre de la libertad de expresión.Caricaturizar a Mahoma en un país como Francia, donde hay más de tres millones de musulmanes, puede ser leído por estos últimos como algo terriblemente ofensivo.Lo que distingue a una sociedad democrática es su carácter pluralista. Esto supone comprometerse en crear condiciones para que hombres que poseen convicciones metafísicas o religiosas totalmente diferentes puedan convivir en paz.La afirmación del pluralismo ideológico implica la libertad, para todos, de exponer y defender sus convicciones, pero respetando las ajenas. ¿En qué medida la sátira contra el Islam, realizada por la revista francesa, no atravesó la delgada línea que divide la legítima crítica de la ofensa étnica?El ataque terrorista a 'Charlie Hebdo' es algo ominoso que debe ser repudiado. Porque la dialéctica de la violencia física es un signo de barbarie que atenta contra la vida y la dignidad humana.Pero el fanatismo y el fundamentalismo, que son la matriz de estas conductas, no sólo son patrimonio de las células jihadistas, o de los grupos que hacen una lectura radical del Islam.En toda Europa está en alza la xenofobia antiinmigración, y sobre todo en Francia es muy fuerte el movimiento antiislamista. Grupos ultraderechistas explotan el narcisismo tribal (nacionalismo), culpando a los extranjeros de la crisis económica que sufre el Viejo Continente.Es tal el clima de intolerancia que recorre Europa -un extremismo que algunos creen que es patrimonio de zonas del planeta, como el Medio Oriente- que muchos se alarman por la "islamofobia" que puede suscitar ataques como el de París.Hay que recordar que Europa ha sido el laboratorio de la violencia extremista. En su suelo se fraguaron las ideologías que alimentaron los sistemas totalitarios, como el comunismo, el nazismo y el fascismo.Fue en este escenario donde tuvieron lugar las matanzas más ominosas del siglo XX (Primera y Segunda Guerra). El experimento europeo del racismo xenófobo fue algo nefasto para la humanidad.Eso fue resultado del miedo o del odio endogámico -o protonacionalista- al Otro. Europa puede verse arrastrada otra vez -y con ella el mundo- a una guerra intestina, aunque esta vez al enemigo lo encarne la población residente de origen árabe y musulmán.El francés Voltaire decía que la tolerancia es el bien común de la humanidad. Para evitar que triunfe el espíritu contrario -que unos humillen a otros porque piensen distintos-, sugería recordar que los hombres somos débiles, poco consecuentes, y sujetos al error. Y por tanto dignos de perdón.
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