Pensar en grande
Durante la semana terminó la discusión sobre la titularidad del Banco Central. La cuestión se encarriló por las vías institucionales y esto apaciguó los ánimos. Sin embargo, se aproxima la polémica, seguramente áspera, acerca del Fondo del Bicentenario. Mario Alarcón Muñiz La Presidenta lo creó mediante decreto "de necesidad y urgencia" a mediados de diciembre, pero el 22 de enero la Justicia la corrigió indicándole el camino correcto: el del Congreso. De este modo en cuestión de semanas comenzará el debate parlamentario. Mientras tanto se han perdido tiempo y esfuerzos en confrontaciones que bien se habrían evitado si los dos temas se hubieran planteado como lo señalan la Constitución y la ley. Ya sucedió más de una vez y probablemente siga ocurriendo porque al gobierno le desagrada dialogar o cambiar opiniones. La única verdad es la propia y si alguien se aventura a disentir es considerado enemigo y encima destituyente.Estamos a las puertas del debate del FB. Más que la creación del fondo se planteará un asunto de mayor trascendencia: la política sobre reservas del Banco Central; si conviene mantenerlas y en lo posible acrecentarlas para respaldar el valor del peso; si es lícito recurrir a ellas en situaciones difíciles; si es buen negocio adelantarse al pago de compromisos de la deuda externa; si lo mejor es usarlas para promover el desarrollo; en fin, se esclarecerá en definitiva para qué sirven. Cuestión de definicionesNuestro país cuenta en este momento con reservas por 48.000 millones de dólares. En cierto momento hubo más y en muchas épocas bastante menos. Pero allí están, respaldando -se dice- el valor de nuestra moneda. Se atribuye a Perón haber comentado, durante su primer gobierno, que era imposible caminar por el tesoro del Banco Central porque estaba atiborrado de lingotes de oro, producto de los suculentos negocios realizados por la Argentina durante la segunda guerra mundial, vendiendo enormes volúmenes de alimentos a los países en conflicto e importando casi nada. En esa época las reservas se acumulaban en oro. Luego de la guerra se convirtieron a dólares. Perón utilizó buena parte de ellas para financiar la promoción industrial y el Plan Quinquenal. Reservas ¿para qué?Ahora nos encontramos con el propósito del gobierno de tomar 6.500 millones de dólares de las reservas para garantizar el pago de la deuda externa y recuperar nuestra raquítica credibilidad internacional. La intención es inobjetable y si se quiere accesible, pues la suma equivale al 13 por ciento de las reservas. Pero en primer lugar habrá que desmalezar la deuda externa, asumir los compromisos verdaderos y tirar a la hoguera las operaciones ilegítimas acumuladas a través del tiempo. Ya sé, decirlo es fácil. Hay que hacerlo. Es ese punto el que requiere voluntad política y capacidad técnica. El otro costado polémico es el del real destino de los fondos en una etapa de apremios financieros y déficit fiscal. No pocos sectores desconfían del uso del FB, alertando acerca de su posible desviación hacia la cobertura de gastos corrientes y -lo que sería mucho peor- de políticas clientelistas.Sin ser economista supongo que las reservas -como los ahorros personales- no son intocables. Levantarles un altar carece de sentido, tanto como consumirlas en baratijas de circunstancias. Quizá haya llegado el momento de pensar en grande y todos juntos mediante un gran consenso, acordar un plan destinado a financiar plantas de energía, caminos, industrias, ferrocarriles, modernización del agro; en fin, todo lo que necesita un país del siglo XXI, usando sólo una porción de las reservas. Eso sí, se requiere pensar en grande.
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