Periodistas a la basura
La vocación de grandeza y de servicio de un gobierno e individualmente de un político se mide, entre varios factores, por la capacidad de reacción frente a la crítica periodística. Esta puede presentar infinidad de matices, desde la seriedad hasta la intención aviesa.Saber interpretar la escala respondiendo -si cuadra- según los casos y las circunstancias o corrigiendo los errores señalados, marca el nivel de capacidad o de sabiduría de un gobierno o de un político.Esto es así desde el comienzo de la historia. Monarcas y dictadores sólo aceptaban periodistas complacientes. El resto a la horca o la prisión. No por antojo la Revolución Francesa consagró la libertad de prensa entre los derechos básicos del ciudadano. En nuestro país pronto se cumplirá el bicentenario del decreto de libertad de imprenta, una de las medidas iniciales del gobierno patrio. La primera Constitución de Entre Ríos (1822) garantizó al pueblo el derecho "de ejercer libremente el poder censorio por medio de la prensa".Sin embargo, en los últimos tiempos estamos asistiendo a una creciente intolerancia del gobierno nacional y de sectores políticos afines, frente a la crítica periodística y la información que puede resultarles adversa o interpretan como tales. Estas actitudes han comenzado a motivar una lógica preocupación, no sólo porque implican amenazas de censura y violencia, sino también por el perfil antidemocrático que revelan. Tiempo oscuroNo hay discurso oficial, cualquiera sea el tema, en el que no se reproche -a veces en términos agraviantes- a medios de comunicación o a periodistas. Días pasados en Buenos Aires aparecieron afiches supuestamente anónimos acusando a varios periodistas conocidos, de colaborar con la dictadura. Nombre y foto. Sólo faltó "se busca". Pero lo expresaba la intención.Algunos de esos acusados han sido ejemplos de conducta profesional. Más de uno ayudó a la Conadep a promover la condena de los comandantes del terror. Uno de ellos contribuyó a destapar la olla de la tragedia de Río Tercero y la venta de armas en tiempos de Menem. Otro reveló las coimas del Senado en la época de De la Rúa. Los más jóvenes cursaban la escuela secundaria y poca relación podían tener con los militares. ¿Qué intención esconde este escrache, fuera de significar una implícita violación a la libertad de prensa? "El que opina en contra o difunde informaciones inconvenientes irá a parar a la basura" (en el más benigno de los casos). Ese parece ser el mensaje. Una grave advertencia.Apenas días después el presidente consorte no dejó dudas acerca de su original interpretación de la realidad, señalando al periodismo como "el principal partido opositor".La afirmación desnuda una personalidad autoritaria, como la de los militares del tiempo oscuro, incapaz de admitir errores propios. Además su bronca con Clarín -se dice que por motivos no precisamente periodísticos- le ha confundido el rumbo. Sistema en riesgoEs ocioso hablar del rol de la prensa en una sociedad democrática. Desde la escuela primaria lo sabemos. Por eso inquieta esta ofensiva coronada el jueves con el "juicio a periodistas" encabezado en la plaza de Mayo por Hebe de Bonafini con respaldo oficial.(¡Qué lástima, Hebe! La conocí en Gualeguaychú, en casa de Aurora Fraccaroli. Eran años negros.Una vez la entrevisté para El Día, en otras ocasiones conversé con ella en Gualeguay y Paraná. Era una mujer admirable por su lucha. ¡Cómo nos cambia la vida!).Esta sucesión de episodios orientados a intimidar al periodismo, pone en riesgo la sustentación de nuestra sociedad y el modo de entendernos libremente. Puede haber periodistas malintencionados y corruptos, así como hay políticos malintencionados y corruptos. Para castigarlos existen los mecanismos legales pertinentes. El sistema democrático los ha creado en su propia defensa. Tirar a los periodistas a la basura sólo porque no son complacientes, equivale a renegar de la democracia. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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