Pobreza, marginalidad y delincuencia
La existencia de informes de organismos internacionales, señala que las últimas décadas fueron catastróficas para la Argentina con una agudización de la pobreza y la marginalidad, lo que puso a nuestro país en los niveles más bajos de América Latina.En ellas se sostiene la necesidad de que haya un crecimiento permanente, con estimulación de la actividad productiva, traducida en una incentivación de todos los mecanismos que hagan a la generación de empleo que permita dignificar el desenvolvimiento de la sociedad.Nada nuevo, desde luego, y no hay que ser economista o sociólogo para concluir cómo hemos quedado después de años tremebundos. Basta simplemente con salir todos los días a la calle para comprobarlo.Lo que el estudio no revela es otra consecuencia social directa de todo este descalabro sufrido, y es cómo se fue afianzando progresivamente en todos los estamentos de la comunidad, la cultura del delito.Infelizmente ya hay toda una generación que creció al margen de la ley y con postulados que se asientan en el ejercicio del mal y que reconocen en la violencia una razón fundamentada para desenvolverse.Hablar con estas personas, algunas de ellas prácticamente en la pubertad, estremece por una "lógica" que deja sin palabras. "Si los políticos roban, los gobernantes roban y los que vienen acusan a los que se fueron de haber robado; si la policía roba y todo el mundo roba, y no les pasa nunca nada, ¿por qué no vamos a robar nosotros que nos arriesgamos cada vez que lo hacemos y ellos no?", esgrime uno de ellos convencido hasta la médula de que está en el camino "correcto".En esta perversa sintonía se han formado hogares con el abuelo ladrón, el hijo también y el nieto que ya está haciendo sus primeras armas en la industria de la ilegalidad. Todos ellos aseguran que es una forma de vida por la cual pagan impuestos altísimos, superiores a los de cualquier actividad "lícita"."Tenemos que aportar para la "caja" de los políticos, de los policías, de los abogados que nos sacan cuando caemos, de los médicos que nos curan cuando nos hieren, sino no podemos trabajar", agrega. Y así funciona todo.Pero también admiten que se han perdido los códigos y que la droga condiciona muchos actos de salvajismo, como por ejemplo el echar agua hirviendo a un anciano para que confiese dónde tiene guardados sus supuestos ahorros. En estos casos se trata ya de malvivientes irrecuperables que difícilmente puedan insertarse alguna vez en la comunidad. En rigor de verdad nunca pertenecieron a ella.La conclusión es que el delito crece día a día porque es una actividad lucrativa de la cual viven muchas personas, algunas dentro y otras al margen de la ley y en donde la pobreza tiene muy poco que ver. La violencia se va extendiendo a lugares tradicionalmente apacibles y la gran pregunta es hasta dónde vamos a llegar en el marco de esta gran ola de temor e inseguridad.Hoy nadie está tranquilo y eso no ayuda al engrandecimiento de un país, por más crecimiento sustentable que se produzca. Esta visto que quienes se han formado ya en un ámbito de criminalidad, no van a insertarse en el campo laboral y social por más atractivas que sean las ofertas o las remuneraciones.Y así como si hoy se abrieran todas las ofertas de trabajo, apenas un 20% de los desocupados estaría en condiciones de tomar un empleo porque carece de educación y formación técnica para hacerlo, así la "clase delictiva" no decrecerá porque mejore nuestro nivel de vida o que cada día más compatriotas puedan llegar a fin de mes. Eriza los pelos, pero es así.
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