Poca tolerancia a la frustración
La ira y el enojo que acompañan a una situación de crisis económica, que a veces estalla en violencia física o verbal, puede ser resultado de una escasa capacidad para soportar la frustración. En el fondo de toda frustración anida una estructura básica: la colisión de un deseo con una realidad inquebrantable. Es la angustia o desasosiego resultante de que el mundo no se amolda a nuestras aspiracionesCabría especular que una situación de estrechez económica, como la que vive Argentina, al frenar el deseo de bienestar de mucha gente, hace que esta se siente muy molesta.El problema es si esta gente exige, insiste, impera dogmáticamente que sus deseos se satisfagan y se pone exageradamente angustiada, deprimida y hostil.Las dificultades de la vida diaria, el dinero que no alcanza, el temor por la pérdida del empleo, las preocupaciones económicas, tienen mucho impacto en las personas y las hacen más vulnerables, más ansiosas y eso facilita que muchas sientan enojo."Hay un claro aumento de la ira. Los pacientes refieren más eventos de ira en la vida cotidiana. El umbral en que se desata la ira parece ser más bajo que en otra época", sostiene Daniel López Rosetti, coordinador del gabinete de Medicina del Estrés y Psicobiología del Hospital Central Municipal de San Isidro.El profesional sugiere, así, que hay una baja tolerancia a la frustración que nos causa enojo, depresión e incapacidad emocional. ¿Tiene esto algo que ver con una cultura donde la satisfacción del deseo se ha vuelto un imperativo categórico?En una sociedad dominada por el principio del placer, efectivamente, si alguien o un conjunto de circunstancias limitan esa satisfacción, probablemente eso se viva con dramatismo, y es posible que se perciba como un ataque.La baja tolerancia a la frustración suele estar acompañada, además, de una percepción equivocada y exagerada de la situación. "Esto no debería ser así", "es demasiado", dice quien se sienta abrumado.Pensadores y psicólogos de distinta procedencia han hecho notar que un rasgo de nuestra época es que en ella no se enseña ni se aprende a tolerar la frustración que se siente cuando no se satisfacen instantáneamente los deseos.Generalmente es en la infancia cuando se aprende a tolerar la insatisfacción. El niño suele creer que el mundo gira alrededor de él. Piensa que se merece todo lo que quiere, en el momento que quiere.Por eso, cualquier límite o cualquier cosa que lo niega, lo siente como algo injusto y terrible. No puede entender por qué no le dan lo que pide. Si los adultos le dan lo que pide, entonces no aprenderá a "aguantar" la molestia que le provoca la espera o la negación de sus deseos.Los padres y los docentes deben educar al niño en el concepto de que las cosas no se consiguen con solo desearlas, sino que hay que poner empeño y esfuerzo personal para obtenerlas.Esto sobre todo para que ante cualquier incomodidad, no abandonen sus metas. Además padres y maestros deben inculcarle la idea al chico de que la vida no es fácil, sino que está llena de obstáculos a vencer.La frustración es parte de la vida, y el dolor está siempre al acecho. La base del problema no estaría en esta imperfección inexorable de la existencia, sino en la actitud que asumimos ante ella, en orden a manejarla y superarla.El psicoanalista Erich Fromm advierte: "Enquistarse en la soledad y la frustración, quejarse constantemente y continuamente de las desdichas, y tragedias que nos acosan es un camino certero y seguro hacia la depresión".
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