Poder hegemónico, justicia e ideología
La estrategia del gobierno de querer usar las reservas del Banco Central para pagar deuda externa y echar a Martín Redrado, todo por la vía de los decretos de necesidad y urgencia (DNU), ha derrapado a manos de la Justicia.Esta última, en esencia, ha dicho que esas cosas necesitan la intervención del Congreso, amonestando al Ejecutivo por querer atribuirse facultades legislativas, y recordándole de paso que en la Argentina rige el sistema republicano.Acostumbrado a imponer su voluntad hegemónica a como dé lugar, sobrepasando cualquier valla institucional, el Ejecutivo ha colisionado mal con otro de los poderes del Estado, el Judicial.Además, el gobierno K no ha aceptado con normalidad el fallo de la justicia. En su concepción autocrática, todo aquel actor social que imponga límites a su deseo, pasa a la categoría de opositor que conspira.Como botón de muestra ahí está la reacción de Aníbal Fernández, el jefe de Gabinete, para quien esta crisis institucional es culpa de los "jueces que se meten en lo que no se tienen que meter".Para Fernández, como para el kirchnerismo en general, hay jueces adictos o jueces opositores. Y dado que la derrota judicial del Gobierno se debió al impulso de políticos opositores, los magistrados que voltearon los DNU militan en la oposición.En este esquema de pensamiento, quien disiente u opina distinto, no importa desde qué lugar en la sociedad, queda automáticamente demonizado como "vendepatria" u "oligarca"."Si fuera un genio, haría desaparecer a algunos", fue el exabrupto reciente de Cristina Kirchner, en un acto fallido que en realidad encaja con una ideología totalitaria del poder.Esa ideología es binaria, maniquea, divide a los argentinos en buenos y malos, y coloca a quien la profesa, al gobierno y sus aliados, en posesión de la verdad y del bien.Al respecto, es llamativo ver cómo el filósofo kirchnerista José Pablo Feinmann utiliza la dialéctica para justificar la corrupción. No hace mucho, defendiendo a los K de sus críticos, instaló el inquietante pensamiento de que "roban pero piensan como yo".Esto escribió en el diario Página/12: los críticos "escriben, arman, traman, inventan, dicen algunas verdades (al fin y al cabo, es cierto que hay corrupción en este gobierno, sólo que lo que nos espera con el horrible fascismo que está armándose es mucho, pero mucho peor)".Este maquiavelismo criollo -el fin justifica los medios- es tan viejo como la humanidad. Y parte del supuesto de que el poder está más allá del bien y del mal. Así razonaban también los nazis, los fascistas y los comunistas, es decir todos los totalitarismos del siglo XX.
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