Podríamos pedirle a Lio Messi que se la clave en el ángulo a los fondos buitre
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Es difícil separar la paja del trigo, o mejor dicho, lo que pasa en Brasil de lo que sucede en la Argentina. La tapa de los diarios no se cansa de reflejar el Mundial pero de lo que menos debe estar ocupado el gobierno es de eso. Desde Estados Unidos, un tal Griesa se ganó y se gana todos los insultos. ¿Qué hacemos? Jorge Barroetaveña Los vaivenes emocionales del gobierno no le dan un ápice de descanso. Desde el discurso de la Presidenta en Rosario cuando anunció que se le pagaría al 100% de los acreedores, hasta la decisión del Juez Griesa el viernes de rechazar el pago a los bonistas e instar a negociar a las partes, pasó un siglo, disimulado por las viscisitudes de los miles de argentinos que invadieron Brasil deseosos de ver jugar aunque sea un ratito a Messi.Qué pasará el día que se termine el Mundial sólo Dios lo sabe. Mientras tanto el gobierno aprovecha la obnubilación general para ir surfeando la crisis externa que disparó el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos y que lo dejó al borde de un default, una palabrita tan vieja como conocida para los argentinos.La Presidenta sabe que tiene que sentarse a negociar con los fondos buitres. No hay declamaciones ni cuestiones éticas que sirvan. No alcanza tampoco el apoyo de buena parte de los países del mundo ni que miren el caso argentino como un antecedente de peso para futuras reestructuraciones de deuda. Los plazos son perentorios y la Argentina debe encontrar la forma de pagarle a los buitres los 1.500 millones y al mismo tiempo cumplir con el 92% de los bonistas que accedieron a la renegociación de los años 2005 y 2010.En ese angosto desfiladero la administración kirchnerista resolvió depositar el jueves 532 millones de dólares en una cuenta del Banco de New York en Buenos Aires, para afrontar las obligaciones con los viejos bonistas. Automáticamente el Fondo NML le pidió a Griesa el embargo de ese dinero. El juez norteamericano no le dio la razón ni a uno ni a otro, pero los instó a negociar y a llegar a un acuerdo lo antes posible. No embargó los fondos pero al mismo tiempo declaró ilegal el pago hecho por la Argentina. En respuesta, desde Economía calificaron de 'insólita e inédita' la decisión del magistrado e, indirectamente, lo responsabilizaron por cualquier acción futura de los bonistas. "Esa plata es de terceros", sostuvo el Ministerio el viernes a última hora, deslindando responsabilidades y metiéndole más presión a la negociación.A esta altura, cada comunicado, cada declaración, parece un movimiento de piezas en un gran juego de ajedrez que se juega desde Buenos Aires hasta New York. A partir del 30 de junio el país tiene 30 días para no entrar en cesación de pagos, enfrentando el vencimiento y simultáneamente acordando con los fondos a los que Griesa les dio la razón. Suena impensable que, por 1.500 millones de dólares, la Argentina tire por la borda una reestructuración de más de 100.000 millones. ¿Lo habrán llamado a Roberto Lavagna que piloteó técnicamente el acuerdo del 2005 para pedirle asesoramiento? ¿Tiene Kicillof la experiencia suficiente para enfrentar semejante entuerto? Más allá de las declaraciones formales, son pocos los países que han actuado concretamente para apoyar a la Argentina y parece quedar claro que la política ya no resolverá solo el problema. En diciembre del 2005, y como forma de emitir una señal contundente, Néstor Kirchner le pagó 9810 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional. Aquel pago representó algo menos del 9% del total de la deuda pública argentina, de 126.400 millones de dólares. Comprometió además el 36,6% de las reservas del país, que, de 26.800 millones de dólares, pasaron a 16.990 millones.En la actualidad las reservas del Banco Central oscilan en los 28.000 millones de dólares, con lo que afrontar un eventual pago de 1.500 millones (sería mucho menos al contado) no debería poner en jaque todo el andamiaje económico. Claro que, aquel gesto de Néstor Kirchner, se produjo con una Argentina en plena recuperación, fue coordinado con Brasil que hizo lo mismo, y el contexto político también ayudaba. El desgaste, después de 11 años en el poder se siente, igual que la pérdida en la iniciativa política. Casi nadie, salvo la propia Cristina, queda hoy en el gobierno, que de fe de aquella jugada que ideó y protagonizó el ex Presidente Néstor Kirchner. Lavagna era su Ministro de Economía, Martín Redrado estaba al frente del Banco Central y Alberto Fernández comandaba la Jefatura de Gabinete. ¿Aporta algo remarcar que ninguno de estos tres personajes hoy comparte la escena oficial? Todos, a su debido tiempo, se fueron pegando un portazo y se han convertido en ácidos críticos de la gestión que, en algún momento, sostuvieron.Desde hace tres años el modelo que arrancó en el 2003 se quedó sin aire y con poca iniciativa. Podrá deberse al desgaste natural de tantos años en el poder o a la pérdida del olfato que siempre caracterizó al kirchnerismo, ese que le permitió sintonizar las demandas más importantes y mantenerse en la cresta de la ola. Esta crisis externa le llega en plena retirada y con los reflejos lentos, sino es inexplicable que la decisión de un juez, lo ponga contra las cuerdas. Salvo que creamos en la siempre vigente conspiración internacional que busca asfixiar los aires de independencia económica y política de Sudamérica. Aún creyendo en esta explicación, los argumentos se acaban en el vil metal. Ese que hace mover al mundo. Mal que nos pese.
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