Políticas de Estado y empleo municipal
En estos días se ha instalado en la ciudad (según mi criterio, de manera muy superficial lamentablemente) el tema vinculado a la relación que "debería existir entre la cantidad de empleados municipales por cada 100 habitantes", incluso se ha llegado a proponer que esa cifra no debería ser superior a 1.
Por José María Blanco
OpiniónMe estoy refiriendo al artículo publicado en El Día (6/11/09) bajo el título "Avanzar ya con políticas de estado", que lleva la firma del Senador Osvaldo Chesini, por quien siento gran estima personal, pero con quien disiento "peronistamente" (dicho de este modo para evitar cualquier equivocada interpretación ideológica o partidaria) con esa visión gerencial, casi empresarial de la cuestión pública.Con la convicción - para no entrar en el debate numérico - de que si "torturamos lo suficiente a los números, éstos terminan confesando aquello que queremos escuchar", quisiera aportar algunos otros elementos para la reflexión, tratando de poner "luz amarilla" sobre cualquier posible concepción "esterilizadora del empleo público", propia de los años '90 o de aquellos que pensaban que "achicando el Estado se agrandaba la Nación".En principio, me parece un reduccionismo peligroso pensar que las Políticas de Estado (en torno a la eficiencia del sector público), sean vistas más como una cuestión cuantitativa que cualitativa, como si cualquier simple relación matemática del empleo público municipal, resolviera por si sola y sin tener en cuenta otras variables, una mayor o menor carga tributaria para los vecinos.En regiones como la nuestra, que dispone de una estructura productiva (en términos de multiplicador) distinta a la de otras, el empleo público es un dinamizador de tremendo impacto sobre el consumo privado y cualquier modificación en uno, opera invariablemente en el otro, por lo que cualquier ecuación que involucre a personas, es ir más allá del modelo panóptico de sociedad denunciado por Foucault, que puede profundizar el mapa de excluidos.Creo equivocada esa lógica para nuestra ciudad, por cuanto la eficiencia insumo/producto que hace a la "media internacional de municipios" con esa relación, muestra en muchos casos un PBI per cápita superior a los u$s.30.000 y en otros, dinámicas de gestión del desarrollo territorial muy diferentes. Sea uno u otro caso, se trata de realidades muy distintas a la nuestra.Es evidente que vivimos tiempos de intensas transformaciones, que han engendrado como contrapartida, fenómenos de desequilibrios de todo tipo, pero también es evidente que - al menos hasta ahora - la capacidad de comprensión para proponer soluciones creativas para esos desvíos, ha sido superada y adaptarse a la "media internacional de municipios" -y sin que esto implique la apertura irrestricta del empleo público-, para Gualeguaychú o cualquier otra ciudad de la provincia, sería algo así como "encorsetar" la cuestión social, generando patologías sociales mucho más graves que aquellas que se intentan corregir con esa propuesta.Resulta una obviedad en ese contexto, pensar la imperiosa necesidad de reformular (me niego a utilizar el término "modernizar", que con toda intención propone el Banco Mundial) el Estado y de hacerlo mediante políticas de consensos múltiples.Además adhiero a la idea de "avanzar ya con políticas de estado", pero solo con aquellas capaces de promover una mayor generación de riqueza, con una distribución más justa de ella, nunca con aquellas que pretendan relacionar la productividad con una ecuación (hablamos de gente, no de objetos), sea 1 empleado por cada 100 habitantes o cualquier otra fórmula mágica.Basta de nivelar para abajo, como forma sistemática de solución para nuestros problemas. El problema es resolver de qué forma habremos de vivir de aquí en adelante, en un contexto de constante modificación de los paradigmas y de considerable crecimiento demográfico.
Por José María Blanco
OpiniónMe estoy refiriendo al artículo publicado en El Día (6/11/09) bajo el título "Avanzar ya con políticas de estado", que lleva la firma del Senador Osvaldo Chesini, por quien siento gran estima personal, pero con quien disiento "peronistamente" (dicho de este modo para evitar cualquier equivocada interpretación ideológica o partidaria) con esa visión gerencial, casi empresarial de la cuestión pública.Con la convicción - para no entrar en el debate numérico - de que si "torturamos lo suficiente a los números, éstos terminan confesando aquello que queremos escuchar", quisiera aportar algunos otros elementos para la reflexión, tratando de poner "luz amarilla" sobre cualquier posible concepción "esterilizadora del empleo público", propia de los años '90 o de aquellos que pensaban que "achicando el Estado se agrandaba la Nación".En principio, me parece un reduccionismo peligroso pensar que las Políticas de Estado (en torno a la eficiencia del sector público), sean vistas más como una cuestión cuantitativa que cualitativa, como si cualquier simple relación matemática del empleo público municipal, resolviera por si sola y sin tener en cuenta otras variables, una mayor o menor carga tributaria para los vecinos.En regiones como la nuestra, que dispone de una estructura productiva (en términos de multiplicador) distinta a la de otras, el empleo público es un dinamizador de tremendo impacto sobre el consumo privado y cualquier modificación en uno, opera invariablemente en el otro, por lo que cualquier ecuación que involucre a personas, es ir más allá del modelo panóptico de sociedad denunciado por Foucault, que puede profundizar el mapa de excluidos.Creo equivocada esa lógica para nuestra ciudad, por cuanto la eficiencia insumo/producto que hace a la "media internacional de municipios" con esa relación, muestra en muchos casos un PBI per cápita superior a los u$s.30.000 y en otros, dinámicas de gestión del desarrollo territorial muy diferentes. Sea uno u otro caso, se trata de realidades muy distintas a la nuestra.Es evidente que vivimos tiempos de intensas transformaciones, que han engendrado como contrapartida, fenómenos de desequilibrios de todo tipo, pero también es evidente que - al menos hasta ahora - la capacidad de comprensión para proponer soluciones creativas para esos desvíos, ha sido superada y adaptarse a la "media internacional de municipios" -y sin que esto implique la apertura irrestricta del empleo público-, para Gualeguaychú o cualquier otra ciudad de la provincia, sería algo así como "encorsetar" la cuestión social, generando patologías sociales mucho más graves que aquellas que se intentan corregir con esa propuesta.Resulta una obviedad en ese contexto, pensar la imperiosa necesidad de reformular (me niego a utilizar el término "modernizar", que con toda intención propone el Banco Mundial) el Estado y de hacerlo mediante políticas de consensos múltiples.Además adhiero a la idea de "avanzar ya con políticas de estado", pero solo con aquellas capaces de promover una mayor generación de riqueza, con una distribución más justa de ella, nunca con aquellas que pretendan relacionar la productividad con una ecuación (hablamos de gente, no de objetos), sea 1 empleado por cada 100 habitantes o cualquier otra fórmula mágica.Basta de nivelar para abajo, como forma sistemática de solución para nuestros problemas. El problema es resolver de qué forma habremos de vivir de aquí en adelante, en un contexto de constante modificación de los paradigmas y de considerable crecimiento demográfico.
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