Poncio Pilatos
El tristemente famoso romano decidió lavarse las manos como juez lo que le costó la vida a Jesús. A veces puede ser bueno emularlo, otras no. Por Abel Lemiña Lavarse las manos es una frase que quedó en la historia de la humanidad, siendo una acción que simbolizando el liberarse de la responsabilidad de la decisión, determinó que se soltara a Barrabás y se condenara a Jesucristo a morir en la cruz.Por eso, ante determinadas circunstancias solemos citar el dicho que marcó un antes y después en la historia de la humanidad, como diciendo, yo en esto no me meto o no sé, decidan ustedes.Si uno se pone a pensar, el lavarse las manos es trascendente también en la salud, física y la salud social, es decir determinante desde lo literal hasta en lo filosófico.Las manos tocan, sienten, reconocen, hacen, saludan, construyen, curan, destruyen, matan, enferman, acarician, pegan y también con ellas llevamos nuestros alimentos a la boca, cocinamos, etc.En el aspecto físico, las manos son vectores y causa de muchas enfermedades, como puede ser el síndrome urémico hemolítico, gastroenteritis, infecciones diversas, porque en la manipulación, en la elaboración, en la higiene de los alimentos frescos, en el momento de servir y en el instante de llevar el bocado a destino, las manos pueden tener gérmenes que ingresarán a nuestro cuerpo y sufriremos las consecuencias, que pueden ir desde una leve indigestión, hasta lo peor, todo depende del agente y de lo fuerte que estemos desde lo inmunológico.Pero entonces lo aconsejado es imitar a Pilatos, es la solución, porque lavarse las manos, en este caso es un acto inteligente y contrariamente a lo que Don Poncio hizo, acá es una acción responsable, que no se delega a terceros.Si hacemos como hizo el romano nos enfermamos menos, disminuimos las cifras enormes de patologías evitables con el simple hecho de lavarnos las manos.Hasta acá, desde el punto de vista histórico, el lavarse las manos fue lo peor, lo injusto e irresponsable, en cambio, desde lo bromatológico, en las conductas higiénicas de cada día, es lo contrario. Es lo mejor, es lo aconsejable y más inteligente que podemos hacer.Incitemos a nuestros hijos a que tomen ese hábito como sana rutina, los adultos tengamos la perseverancia de hacerlo, repercutirá en cada uno, en cada hogar y en la salud pública, bajando las estadísticas que dejan traslucir que aun no está instalada en forma masiva la costumbre de higienizarse las manos antes de dedicarse a las artes culinarias, al momento de comer. La prudencia sanitaria pide a gritos que hagamos como Pilatos.Pero también puede tener otra connotación opuesta si imitamos a Pilatos a la hora de educar a los hijos, cuando hay que poner límites, cuando hay que decir esto sí pero esto no, o decir hasta acá. No es saludable para la formación del ser humano que los padres se laven las manos, sacándose la responsabilidad de encima. Definitivamente en este caso no es higiénico, digamos que daña la salud de los que están aprendiendo a vivir y necesitan de sus papás.Tampoco es bueno lavarse las manos con respecto a los problemas de la sociedad, del país, porque todos debemos ser actores y hacedores de la realidad, esa que tanto criticamos pero que a decir verdad, poco hacemos por cambiarla, pecamos de Pilatos sociales. Y acá el lavarse las manos es delegar en otros la tarea que también es nuestra, porque cada uno que se lava las manos permite que la sociedad se siga contaminando con los gérmenes de la injusticia, la violencia, la corrupción y la sinrazón. En lo social cada vez que imitamos a Poncio Pilatos estamos dejando libre a otro Barrabás.Por eso, para la salud física, es aconsejable y por cierto insistamos en ello, lavarse las manos es lo adecuado, pero en la educación, en el compromiso social, en el trabajo, en lo político, en lo ambiental, al contrario, lo que corresponde es no imitar a Pilatos.Seamos responsables a la hora de saber cuándo corresponde lavarse las manos.
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