Pontificado bajo el signo de la apertura
No hay una intervención del Papa Francisco que no dé que hablar y que insinúe un giro de apertura de la Iglesia Católica, para muchos inédito, en gestos y palabras. El argentino Jorge Mario Bergoglio se muestra más como un líder espiritual en un siglo convulso, que como el jefe de una organización confesional.Desde el punto de vista geopolítico, por caso, hay analistas que asegura que su pronunciamiento a favor de la paz detuvo la incursión militar de Estados Unidos en Siria, una prueba de su poder de influencia en la opinión pública mundial.Pero probablemente lo que más sorprenda de él tenga que ver con los gestos de acercamiento que ha hecho hacia los que no comulgan con el credo católico. La homilía donde afirmó que "no sólo los creyentes se salvan", por ejemplo, es revolucionaria.En esa ocasión recordó un pasaje del Evangelio de Marcos, cuando los discípulos se quejaron a Jesús porque un grupo externo estaba haciendo el bien en su nombre. "No se lo impidan", respondió Jesús. "Dejen que hagan el bien".El Papa reflexionó: "Los discípulos eran un poco intolerantes, cerrados en la idea de ser dueños de la verdad, en la creencia de que los que no tienen la verdad no pueden hacer el bien. Y eso estaba mal. Jesús amplió el horizonte".El jefe de la Iglesia Católica remató: "El Señor nos ha redimido a todos con la sangre de Cristo. ¡A todos, no sólo a los católicos! ¡A todos!".En otra homilía en Roma apuntó también contra aquella tradición cultural católica de intolerancia hacia los que no creen: "Recuerdo cuando era chico (en Buenos Aires) lo que se sentía decir en las familias católicas. En la mía, por ejemplo: 'No, a casa de ellos no podemos ir porque no están casados por la Iglesia, eh'. Era como una exclusión. No, no podías ir. O porque eran socialistas o ateos no podíamos ir. Ahora, gracias a Dios no se dice aquello ¿no? No se dice".En tanto, durante un encuentro con la clase dirigente de Brasil, tras insistir en la "responsabilidad social" de los gobernantes, el jefe de la Iglesia católica sorprendió al defender con nitidez el Estado laico: "La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad".Recientemente el diario italiano La Repubblica publicó una carta que el Papa envió a su fundador y editorialista, Eugenio Scalfari, alguien identificado con el pensamiento laicista. Allí dice que ha llegado el tiempo de un "dialogo abierto y sin preconceptos" entre la cultura de inspiración cristiana y la cultura moderna de matriz iluministas.Respecto al planteo de Scalfari de si el Dios de los cristianos perdona a quien no cree y busca la fe, el Papa respondió que "la misericordia de Díos no tiene límites", y que la problemática para quien no cree "está en el obedecer a su conciencia".A todo esto causaron impacto las últimas declaraciones del pontífice, realizadas a la revista jesuítica Civiltà Católica, donde comparó a la Iglesia con un "un hospital de campaña tras una batalla", abriéndose a "heridos", como los divorciados vueltos a casar, los homosexuales y las mujeres que abortaron.El Papa, además, se pronunció contra cualquier tipo de coacción ideológica, aunque sea de contenido religioso, sobre la conciencia individual. "La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal", sentenció.
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