¿Por dónde pasa la felicidad en el trabajo?
Como hay que ganarse la vida, el trabajo suele estar asociado a una carga, aunque hay estudios que indican que uno se siente más feliz en algunos empleos que en otros. La Biblia dice que cuando el hombre pecó, Dios lo castigó diciendo: "Ganarás el pan con el sudor de tu frente". Desde entonces, el trabajo va acompañado de la penalidad.Sin embargo, y más allá de la maldición bíblica, la experiencia indica que de todos modos no se puede estar sin hacer algo. El famoso dicho "trabajo es salud", podría querer decir que la inacción completa enferma.La actividad podría entonces estar vinculada a la dicha. Tomarse molestias y luchar contra la existencia, serían parte de la esencia humana. La inmovilidad, en cambio, generaría un tedio insoportable.De hecho se suele encontrar satisfacción en un una obra bien hecha, sea ésta manual o espiritual, lo que sugeriría que el trabajo es inherente a la condición humana.Como sea, parece claro también que no hay trabajo sin contrariedades ni fatigas. La expresión "la lucha por la vida" tiene que ver con que uno tiene que ganarse el sustento, y el de su familia, trabajando y que ello implica una batalla diaria (aunque los afortunados de todos los tiempos pueden llevar una "vida regalada").El tema de la satisfacción laboral se ha convertido en un tópico en la economía moderna. Se trata de saber si los trabajadores, en la empresa que sea, están relativamente conformes con su situación.Se cree que la productividad aumenta en la medida que el trabajador se siente feliz. Y esto se puede medir en forma objetiva. En contrapartida, el desgano laboral, la falta de motivación en el trabajo, pueden hacer hundir a una empresa.Además, ¿quién no ha ido a un negocio y se ha topado con un empleado que, con mala cara, a través de una pésima atención, presta un mal servicio, al punto que uno decide no volver más al mismo?La Universidad de Chicago realizó un estudio para descubrir cuáles eran los trabajos más felices y lo llamativo es que el primer puesto lo ocupan los párrocos.¿Cómo es posible? La razón parece simple: se es más feliz haciendo lo que a uno le gusta, aunque se cobre menos. Es decir, el predominio de lo vocacional parece decisivo a la hora de vincular dicha con trabajo.Al clérigo, en el ranking de empleos felices, le siguen estos oficios: bombero, fisioterapeuta, escritor, profesor de educación especial, maestro, artista, psicólogo, asesor comercial de servicios financieros, ingeniero civil.Aparte del origen vocacional, el otro punto en común de estos trabajos, que haría felices a quienes los ejercen, es el predominio del trato con otras personas, según el informe académico.La remuneración no aparece como un factor decisivo. ¿Confirmación, acaso, de aquel otro dicho popular según el cual el "dinero no hace la felicidad"? ¿Es que en el trabajo lo que cuenta es el salario emocional, para llamarlo de algún modo?Comentando este punto, el analista laboral Jorge Mosqueira sostiene que el hecho de que los trabajos que son vocacionales suelen tener una menor remuneración dibuja en un punto un cuadro aberrante de explotación."La situación ha dado lugar a abusos planteados sobre la premisa que ya estás bastante bien remunerado porque te permitimos hacer lo que te gusta", comenta, al graficar la tesitura de algunos patrones.Siguiendo el estudio de la Universidad de Chicago, podría colegirse que una situación laboral ideal sería aquella en la que la persona a la vez que hace lo que le gusta gana dinero suficiente con ello para llevar una vida holgada.
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