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Opinion | Alberto Fernández

Por favor, que les avisen que el horno no está para bollos

La resignación es un acto conciente pero muchas veces involuntario. Es algo que cae por su propio peso. Es la renuncia a seguir soportando algo que provoca dolor. Es cerrar una etapa para abrir otra. Tiene mucho de religioso. Hay personas que no se resignan nunca y llevan su cruz toda la vida. Otras lo superan y dan vuelta la página. ¿Cuál de todas estas resignaciones tomará el Presidente?

Por Jorge Barroetaveña

Hace casi 16 meses que es Presidente de la Nación. Le tocó lidiar con una herencia pesada y una pandemia que le cayó al mundo por la cabeza y golpeó especialmente a la Argentina. Con un aparato productivo roto, una deuda impagable como diría la vice y las urgencias políticas de una coalición armada a los ponchazos. Es como el pecado original.

Su candidatura, que nació a partir de un audio de Cristina, nació con condiciones. Claras y nítidas. Los votos no eran de él. Al menos la mayoría. El Presidente lleva además una carga adicional. Estaba peleado con la jefa hasta dos minutos antes que lo llamara. Las páginas web, sus propias redes sociales y los medios masivos de comunicación están inundados de sus críticas feroces y las peleas con militantes del kirchnerismo. No pasó hace 11 años cuando se fue de la Jefatura de Gabinete, fue ‘ayer’. Eso atenta contra su credibilidad, no sólo con los que lo votaron esperando que se diferenciara de Cristina, o al menos fuera consecuente con sus dichos, sino con su propia base de apoyo que siempre lo miró de reojo. Como quien se tiene que tomar un remedio horrible a sabiendas que lo puede curar.

Pasa que ahora desconfían hasta del remedio. Ya son insoportables las desautorizaciones que sufre el mandatario. Y no es sólo Cristina. El jueves lo zamarreó de nuevo Hebe de Bonafini acusándolo de mentiroso, a él y al Ministro Guzmán por no contar las condiciones en las que negocian un acuerdo con el Fondo. Claro que la dio el puntapié inicial fue otra vez Cristina con su alocución del miércoles 24 de Marzo. Así como en diciembre marcó la cancha de la economía local, ahora fue por la internacional, poniéndole piso y techo a las charlas de Guzmán. A la misma hora que ella decía “no podemos pagar porque no tenemos plata”, el Presidente le repetía en letanía al titular del Banco Mundial, que tenemos voluntad de pago. ¿A quién le hacen caso? ¿Por dónde pasa el poder? A las pocas horas los bonos argentinos se derrumbaron y el riesgo país volvió a dispararse. Le creyeron más a Cristina.

El experimento argentino del Ejecutivo compartido no registra antecedentes en nuestra propia historia. Pero es obvio que se ha vuelto inmanejable para sus protagonistas. “Desde que asumimos están buscando dividirnos y motivos para la pelea pero no lo van a lograr”, repite el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero. Es válido su argumento si ellos mismos lo respetaran. No se puede gestionar pegándose un tiro en el pie todos los días. La insólita pelea entre Berni y el enviado de Frederic sólo puede ser registrado como un nuevo escándalo en el marco de las disputas entre Nación y provincia. Entre los que le responden a Cristina y los que le responden al Presidente. Berni ha hecho de su estilo un culto. Verborrágico, ejecutivo y peleador, quiere ser gobernador de Buenos Aires. Se reconoce además como un soldado de Cristina. Pero son impresentables sus diatribas, sus invitaciones a pelear y su impertinencia con los funcionarios nacionales. Si viviéramos una situación normal, Kicillof debió haberle pedido la renuncia. ¿Qué hicieron? Lo llevaron al acto de Flores y lo sentaron en primera fila. Lo respaldaron, desautorizando al Presidente.

Quizás por la cabeza de Alberto Fernández pasó en algún momento la idea de pilotear las diferencias. De conseguir un equilibrio que le permitiera poner a salvo su autoridad y al mismo tiempo satisfacer los reclamos del kirchnerismo duro. Va perdiendo la pulseada. Por eso la resignación. Algunas de sus últimas actitudes parecen transitar ese camino. El de intentar convivir desde la debilidad con quien tiene más poder que él y que es capaz de hacérselo sentir. En público y en privado. Cedió al echar a su amiga de la vida Losardo. Fue el último gesto que marca hasta dónde tuvo que retroceder en su trinchera.

La situación es delicada y estaría bueno también que la oposición esté a la altura de las circunstancias. Sacudir el árbol en demasía podría hacer caer todo lo que está arriba. Es algo con lo que no debería especularse políticamente. Claro, que los que más tendrían que ayudarse son ellos mismos. Lo peor es el fuego amigo. Algunos están cebados y creen que el árbol soporta todo. Se equivocan. Están jugando con fuego. El horno no está para bollos y estos muchachos no se dieron cuenta. Que les avisen y ojalá no sea demasiado tarde.

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