Por siempre…mamá
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Aunque el "Día de la Madre" es una festividad de distintas civilizaciones del mundo antiguo y que tiene sus primeros antecedentes en ceremonias religiosas, la conmemoración tal como se la conoce en la actualidad, fue creada por Julia Ward Howe.
Dr. Julio Zarra
Se trata de una poeta, escritora y activista anti bélica de estados Unidos, quien en 1870 escribió la famosa "Proclama del día de las Madres", en un importante movimiento social, femenino, por el desarme y la paz, con la intención de celebrar un "día de las madres por la paz".
Luego, fue transformándose en una festividad destinada a la reunión de la familia, que se celebra en distintas fechas a nivel internacional.
Aunque en la Argentina la conmemoración es el tercer domingo del mes de octubre de cada año, en forma práctica el homenaje debería tener una constante diaria. Es que la madre, además de dar la vida, es un ser de una altísima significación dentro de la familia. Las madres, naturalmente, pueden ser portadoras de los más elevados y profundos valores del ser humano: el amor, el cariño, la comprensión, el significado del dar sin pedir a cambio, la protección, la generosidad, el respeto, la solidaridad constante, es decir, todo un conjunto de elementos que la convierten en un ser único. Es entonces oportuno en esta jornada, para los que tienen la inmensa suerte de tener a su madre presente, de quien hemos recibido la vida, darle toda la apertura de nuestro cariño. Y con más razón, si nuestra madre a comenzado a enfermar o ya está enferma de alguna afección cerebral que en apariencia "la aleja de nosotros" o su enfermedad ha hecho que "deje de ser ella" y empiece a desconocernos, es en este contexto que, desde ALEA, intentamos transmitir un mensaje a todos aquellos hijos e hijas de una madre que pudiera estar enfermándose o ya estuviera enferma del Mal de Alzheimer u otra demencia, en este célebre día en que se conmemora la sublime y divina función de las madres y se celebran los altos valores de la familia.
Carta abierta a un hijo o hija de una madre con enfermedad de Alzheimer.
Para todos aquellos que se encuentren en la difícil situación de tener una madre contrayendo los posibles síntomas de la enfermedad de Alzheimer u otra demencia:
El día que la veamos mayor y ya "no sea ella", por favor tengámosle paciencia e intentemos siempre aceptarla y entenderla.
Cuando veamos que comiendo se ensucie, cuando no pueda vestirse, o ir al baño sola, tengámosle paciencia. Recordemos las horas que pasó enseñándonos a comer, a vestirnos y a ir al baño solos.
Si cuando nos habla, repite las mismas cosas una y mil veces, no la interrumpamos y escuchémosla. Tal vez que, aunque no nos acordemos, cuando fuimos pequeños, a la hora de dormir, nos explicó mil y una vez el mismo cuento hasta que nos dormimos.
Cuando veamos su ignorancia sobre las nuevas tecnologías o su descrédito sobre las costumbres de la vida moderna, démosle el tiempo necesario y no la miremos con sonrisa burlona por no poder entender. Tengamos en cuenta que ella nos enseñó a hacer tantas cosas: comer bien, vestirnos, nuestros modales, afrontar los problemas de la vida, aunque sea de la forma simple en que nos pudo trasmitir sus enseñanzas, con esfuerzo y perseverancia siempre lo intentó hasta el cansancio.
Cuando no quiera bañarse, no la avergoncemos ni nos enojemos. Tratemos de recordar cuando tenía que perseguirnos para bañarnos y las mil excusas que inventábamos para no bañarnos y los mil fundamentos que nos ofrecía para que nos bañemos. Cuando en algún momento, ella pierda la memoria o el hilo de nuestra conversación, démosle el tiempo necesario para recordar. Y si no puede hacerlo no nos pongamos nerviosos, seguramente lo más importante no era su conversación y lo único que quería era estar con nosotros y que la escucháramos y que le prestáramos nuestra atención con afecto.
Si alguna vez no quiere comer, no la obliguemos. Ella conoce bien cuando lo necesita y cuando no. Cuando sus piernas cansadas no la dejen caminar... démosle nuestra mano amiga, de la misma manera en que ella lo hizo cuando dimos nuestros primeros pasos y nos guió en el inicio de nuestra marcha.
Y si algún día nos dijera que ya no quiere vivir más, que quiere morirse, no nos enojemos. Intentemos entender que esto no tiene nada que ver con nuestro amor hacia ella, ni con su amor hacia nosotros.
Algún día, ojalá podamos descubrir, que a pesar de sus posibles errores, siempre quiso lo mejor para nosotros y que intentó prepararnos el mejor camino que debíamos seguir.
No nos sintamos tristes, ni impotentes, ni enojados por verla de esta manera. Debemos estar a su lado, intentando comprenderla y ayudándola como ella lo hizo cuando nosotros empezamos a vivir. Ahora nos toca a nosotros acompañarla en su duro caminar. Ayudémosla a transitar su difícil camino con amor y paciencia. Quizá ella nos devuelva una sonrisa, con el inmenso amor que siempre nos ha tenido. O tal vez nos pueda tan solo devolver una mirada, que está en nosotros poder descubrir en ese fugaz gesto, una actitud de su verdadero amor, ahora afectado por su enfermedad.
*Médico Especialista en Psiquiatría y Psicología Médica. Especialista en Neurociencias y Trastornos de la memoria. Investigador Clínico en enfermedad de Alzheimer y otras Demencias.
Fundador y Presidente de ALEA (Asociación de Lucha en la Enfermedad de Alzheimer) www.juliozarra.com
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