Por un turismo que sea más inclusivo
La medida se inscribe dentro del Programa de Responsabilidad Social en Turismo, que impulsa el gobierno de la Provincia junto a entidades intermedias ligadas a la discapacidad.
Por otro lado, el programa pretende entrenar a los empleados de los centros de informes y a los conserjes y recepcionistas de hoteles en lenguaje de señas.
Según informó el subsecretario de Turismo provincial, Adrián Stur, un plan piloto se pondrá en marcha en Federación, con la idea de extenderlo luego al resto de las localidades.
A decir verdad, el menú en braile es un experimento del cual Gualeguaychú es pionera. En los restaurantes de la Capital del Carnaval ya existe desde hace más de un año este servicio para los no videntes.
El menú en braile local fue confeccionado por docentes de la Escuela Especial Nª2 “Francisco Rizutto” de nuestra ciudad. Trabajaron en él la profesora Alejandra Suilar y Eduardo Bassini, no vidente, auxiliar del servicio de ciegos y disminuidos visuales de esa escuela.
La carta especial cuenta con todos los platos de un menú común, sólo que sin especificaciones y sin precios. Allí el no vidente tiene la oportunidad de saber qué puede elegir y luego consultar al mozo sobre las variedades y precios.
Se trata de ahorrarle a la persona discapacitada, cada vez que quiere ir a comer afuera, la incomodidad de tener que recurrir a alguien para que le diga cuales son llas comidas que se ofrecen.
Esa incomodidad, en realidad, es un sufrimiento adicional para los no videntes. Imaginamos que ese sufrimiento se verifica también en aquellos celíacos que no encuentran platos aptos para ellos en los establecimientos gastronómicos.
Esto directamente los excluye de salir a comer afuera. ¿Pero es que los celíacos no tienen derecho a asistir a los restaurantes? ¿No pueden pedir un menú que se adapte a sus necesidades?
Extendamos la problemática de otras personas con discapacidad –como la imposibilidad de comunicarse con conserjes y recepcionistas de hoteles, porque éstos no dominan, por ejemplo, el lenguaje de señas– y se verá entonces todo el camino que debe recorrer el turismo para ser más inclusivo.
En una sociedad de derechos –como aspira a ser la argentina- es clave que la igualdad de oportunidades y la inclusión social se extienda a todas las personas. Y ello incluye a las que tienen capacidades diferentes.
Es decir, las barreras físicas, sociales y culturales que excluyen a este universo de personas, deben ser levantadas no como un gesto de benevolencia. Sino como una forma de poner en práctica derechos reales.
Por eso es muy importante generar una conciencia de responsabilidad social en torno a este tema en el área turística de Entre Ríos. Lo ideal sería que todos los agentes turísticos se sumen a la idea.
Nadie debe quedar afuera de este nuevo concepto cuyo propósito es colocar al turismo, como sector, en la avanzada del respeto por los derechos de las personas con capacidades diferentes.
Por otro lado, esta provincia tiene un presente y un futuro extraordinario en la llamada industria sin chimeneas. Que incorpore la temática de la discapacidad –sobre la base de la inclusión- le aportará un valor agregado trascendente.
Conciliar el negocio turístico –su rentabilidad- con el respeto de los derechos a los diferentes, es un paso adelante en orden a instalar la responsabilidad social en la economía.
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