Precios y salarios: en una clásica carrera
La inflación se ha transformado, como en épocas pasadas, en el elemento que desata una renovada puja distributiva. El deterioro de la moneda facilita la acción reivindicatoria de los sindicatos en defensa del salario real.El activismo gremial se genera en medio de un clima de conflictividad social a partir de las últimas rebeliones policiales. En efecto, las subas salariales conseguidas bajo presión por los efectivos de las policías provinciales han generado un "efecto contagio".Para encausar la discusión el gobierno nacional habla de un congelamiento de precios que involucraría a 187 productos. Pero hasta la CGT oficialista ha puesto reparos a la estrategia, anunciando que no aceptará límites para negociar aumentos salariales."Los precios no son los mismos que hace dos meses. El azúcar no cuesta lo mismo que en octubre, ¿o sí?", dijo el jefe de la central afín al gobierno, Antonio Caló. En tanto que José Luis Lingeri, de Obras Sanitarias, se despachó: "Históricamente fui pesimista con los acuerdos de precios".Hay una fuerte correlación entre sindicalismo e inflación. Si el valor del dinero fuese constante y los afiliados tuviesen un salario apropiado, los dirigentes gremiales tendrían poco protagonismo.El poder sindical crece, en cambio, cuando se instala un escenario de caída del poder adquisitivo del salario. Ningún dirigente gremial querrá aceptar ajustes regresivos, porque eso los descolocaría frente a su grupo.Los caciques de la CGT no querrán aparecer cediendo ante los grupos opositores, y sobre todo, ante los grupos de la izquierda combativa, que por primera vez en más de cincuenta años, avanzan sobre las estructuras sindicales justicialistas tradicionales.Por lo demás, se entiende el planteo del gobierno nacional de frenar la inflación. Porque una manera de preservar el poder de compra de los salarios es preservar el nivel de los precios relativos.En teoría los salarios se potencian si los precios no cambian al ritmo actual de la inflación. Es decir, una desaceleración de los precios (por ejemplo vía congelamiento), mantendría el poder de compra salarial, y evitaría demandas sindicales exorbitantes.Pero como lo dijo alguna vez Juan Domingo Perón: "Mientras los salarios suben por la escalera, los precios van por el ascensor". En otras palabras, asalariados, jubilados y la masa de gente que recibe un ingreso fijo corren siempre en desventaja contra la suba de precios.Sería bueno recordar otra frase del general para explicar estos días de furia (con saqueos y demás), y para reflexionar sobre los límites humanos a determinadas lealtades políticas: "El órgano más sensible del hombre es el bolsillo".¿La estrategia anunciada por el gobierno nacional para detener la suba generalizada de precios es la correcta? Eso depende del diagnóstico que se haga del mal.El congelamiento empalma con la visión sostenida todo este tiempo por el oficialismo sobre el origen de la inflación: la apropiación empresaria de la riqueza. De lo que se trataría, por tanto, es de fijarle techo a esa angurria.La visión disidente dice que el proceso inflacionario es creado en realidad por el propio gobierno. Como gasta más de lo que recauda, al bache lo financia con emisión de pesos a través del Banco Central.Se trataría, en rigor, de una antigua defraudación de los emisores de papel moneda: a medida que se multiplica la creación de billetes, en la misma proporción se licua su poder de compra en los bolsillos de los ciudadanos.
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