Editorial |

Prevenir males mayores en la fiesta de fin de año

Un desarreglo general, seguido de la toma innecesaria de riesgos, puede hacer que los festejos de fin de año se traduzcan en una experiencia amarga o en accidentes mortales. La locura automovilística preside en muchos casos las calles y las rutas. El descontrol al volante -esta manía de desafiar estúpidamente a la muerte-, parece potenciarse en un tiempo festivo y vacacional, y cuando las rutas están atestadas de vehículos. Querer llegar más deprisa que los demás, pretender ganar algunos minutos en la ruta, o la vana satisfacción de superar al vehículo que va adelante. Nada de eso justifica el riesgo que se corre: la muerte, ya sea la propia o la de otros. Ni hablar del absurdo de conducir alcoholizado, lo que nos convierte directamente en enajenados al volante. La recomendación es no conducir vehículos si uno ha consumido bebidas alcohólicas,  ya que esto aumenta el riesgo de sufrir accidentes viales, de suerte que quien conduce en estas condiciones se expone a provocar una tragedia. La ingesta de bebidas alcohólicas, por otro lado, está estrechamente ligada a riesgos de accidentes automovilísticos. La asociación civil Luchemos por la Vida calcula que este consumo es el factor determinante en el 50% de las muertes por colisiones en el tráfico. Conviene recordar que las bebidas alcohólicas son sustancias psicoactivas que tienen la propiedad de generar cambios en el organismo tales como modificar el ánimo, la memoria, el pensamiento, las sensaciones y la voluntad. El alcohol es un depresor del sistema nervioso central, por tanto, a medida que la concentración alcohólica aumenta en la sangre, se deprimen los reflejos y la respiración, pudiendo llegar a generar convulsiones y/o coma por intoxicación alcohólica. El uso irresponsable de la pirotecnia, por otro lado, trae aparejados severos problemas de salud. Otra vez la toma innecesaria de riesgos: el entretenimiento con estos artefactos peligrosos puede costar severas quemaduras, problemas irreversibles del oído, lesiones y heridas en cara, manos, dedos y ojos. Los médicos aseguran que cuando los adultos no supervisan la manipulación de la pirotecnia, el riesgo de lesiones en los chicos se multiplica diez veces. Por esta razón, numerosos municipios de distintos puntos del país –como el de Gualeguaychú- se han sumado a la campaña de “pirotecnia cero”. Por otro lado, los fuegos artificiales provocan consecuencias perjudiciales para el medio ambiente, desde ruidos y contaminación a alteración del comportamiento de los animales e incendios forestales. Debido a la “hipersensibilidad auditiva” de las mascotas (especialmente de los perros), una de las cosas que más les afecta en los festejos de fin de año, es el excesivo ruido que hay tanto dentro como fuera de nuestras viviendas.           Los cohetes, petardos o pirotecnia que se utilizan en estas celebraciones, pueden provocarles pánico y un alto nivel de estrés, haciendo que manifiesten conductas no habituales, como miedo (se esconden debajo de los muebles), huidas, agresividad, aullidos, entre otros. Por esta razón el Año Nuevo, que es sinónimo de festejo, alegría y celebración en el mundo humano, sin embargo es uno de los días más complejos para las mascotas. A propósito un canal de televisión, National Geographic, anunció que emitirá un programa especial de música e imágenes para calmar a perros y gatos en los difíciles minutos en que se escuchen los fuegos artificiales durante la noche del 31 de diciembre.

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