Primero los niños
Hoy se conmemora el Día Mundial de esta práctica ominosa, instituido en 2002 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), como forma de poner de relieve la gravísima situación de niños, niñas y adolescentes.
Según esa organización, en el mundo hay 218 millones de niños que trabajan. Por lo general lo hacen para sus familias y no perciben ningún sueldo. Además sin protección social alguna y en tareas riesgosas para su salud física y mental.
Es decir, trabajan en la informalidad y expuestos a los males como la droga y la prostitución. La pobreza y la indigencia son el telón de fondo del trabajo infantil, que convierte a millones de niños en esclavos de un sistema social injusto.
Argentina, que tiene un grave problema con la niñez desprotegida, es un país que no escapa al fenómeno. Aquí también la explotación laboral de menores de 14 años alcanza niveles de morbidad.
Se estima que en la Argentina trabajan casi 1.500.000 niños. Y aquí se incluye todo tipo de modalidades, que van desde la mendicidad, pasando por tareas agrícolas, hasta atender la casa cuando los padres no están.
Está claro que los adultos están detrás de esta realidad. Son ellos los que emplean esta mano de obra barata, cuasi esclava. Es conocido, por ejemplo, que hay organizaciones que entrenan a los pequeños para pedir limosna o realizar distintas tareas en la calle.
Por otro lado, las niñas son las más afectadas por este trato. Ya que en general las oportunidades que se les ofrecen en el mercado laboral remunerado son peores que las de los varones.
El director de la oficina de la OIT en España, Juan Hunt, explicó que el trabajo infantil es “un problema gravísimo en todo el mundo” y aseguró que los países más propensos a esta práctica “hipotecan su presente y su futuro”.
Vaticinó además que la actual crisis económica global agravará el fenómeno. “Estamos claramente en una crisis de empleo. Sin duda alguna, la crisis afecta al trabajo infantil”, declaró.
La situación de la niñez en la Argentina salta cada tanto en las crónicas policiales. En este sentido, se sabe que hay adultos que se escudan en la no imputabilidad de los menores para obligarlos a cometer delitos por encargo.
El paco –la droga más barata que hace estragos entre los menores- provoca que muchos de ellos estén dispuestos a realizar cualquier tarea con tal conseguir plata para adquirirla.
En tanto, muchos chicos se convierten en un sustituto de la empleada doméstica y asumen cada vez mayores responsabilidades en los quehaceres de la casa.
¿Cómo se puede combatir esta práctica?. En el país desde hace un tiempo circulan varios proyectos legislativos tendientes a aplicar un subsidio universal a la niñez, como un modo de proteger socialmente este sector.
En 2008, la OIT utilizó el lema “La educación, la respuesta acertada al trabajo infantil”. Esto está conectado al hecho de que la gran cantidad de niñas, niños y adolescentes involucrados en trabajos urbanos y rurales, se alejan automáticamente de la educación.
Acaso lo ideal sería atar un subsidio a la niñez, que en principio lo cobrarían los padres, con la obligación de que sus hijos asistan a la escuela, y cumplan con la obligatoriedad escolar dispuesta por ley.
El trabajo infantil debe ser combatido enérgicamente en un país como la Argentina, en el que alguna vez se proclamó el principio: “primero los niños”. Porque, de última, aquí se juega el futuro de nuestra sociedad.
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