Problemas de circulación que aquejan a la ciudad
La zona céntrica, en horarios pico, por momentos luce intransitable y la congestión es la nota dominante en la capital del Carnaval.Si la ciudad fuese vista como un organismo cabría concebir al tránsito como un sistema similar a la circulación sanguínea en el cuerpo humano. Cuando lo que circula se atasca, el organismo se altera.Hay una necesidad de desplazamiento de personas y mercaderías dentro de la ciudad. En este sentido, utilizando la metáfora orgánica, hay que hablar de una geografía de la circulación.El sistema de tránsito es un sistema de flujos que hace posible el tráfico. Cuando ese flujo, por la razón que fuere, se bloquea el trastorno urbano se instala, haciendo más difícil la vida de conductores y peatones.Paralelamente, los médicos dicen que es imposible tener buena salud sin una buena calidad de sangre y sin una buena distribución de ésta por todos los órganos, sistemas y células del cuerpo.Hay más de un síntoma que revela que algo no anda bien en el tránsito en Gualeguaychú. Al respecto, parece haber cierta unanimidad en torno a la sobresaturación circulatoria.La impresión que existe es que la trama vial está colapsada por el exceso vehicular. Quien sube a un auto con la intención de concurrir al sitio donde se concentra la actividad cívica y económica de Gualeguaychú, ya sabe que es ese periplo no estará exento de dificultades.Por lo pronto poder estacionar -en una ciudad donde no existen playas de estacionamiento- se ha convertido en una actividad estresante.De ahí que haya vecinos que directamente prefieran caminar unas cuadras para ahorrarse problemas con el tránsito (Una decisión que no deja de ser saludable, por los problemas que genera el sedentarismo).La falta de estacionamiento salta a la vista. Como no hay tantos espacios para aparcar el vehículo, la ciudad se convierte de facto en una gran playa de estacionamiento.En efecto, ante la ausencia de sitios libres para dejar el auto, los conductores dejan los vehículos en esquinas, ochavas, garajes, líneas amarillas, donde hay rampas, entre discos, en paradas de transporte público, o donde les quede cómodo.De hecho, algunos particulares han decidido por motu proprio (por su propia iniciativa y autoridad) pintar el cordón de la vereda de color amarillo en los frentes de sus negocios o garages, como una medida contra los que quieran aparcar.En tanto, se han ido ampliando las zonas céntricas para el estacionamiento medido, cobrado por personas con algún impedimento físico, que encuentran así un medio de vida.El otro tema se vincula con el transporte público. ¿Se trata de un servicio eficiente que satisface las necesidades de desplazamiento de la población que reside en los barrios?A esto se suma el protagonismo alcanzado por los remises. Este servicio ha venido a cubrir una necesidad real de transporte de personas, pero a la vez agregó nuevos inconvenientes al tránsito.Tampoco hay que olvidar el boom de las motos, que contribuyen a la congestión del tránsito, al tiempo que traen más problemas para el estacionamiento.Hay un factor cultural que se suele subestimar a la hora de analizar el problema de la circulación en la ciudad: la mentalidad automovilística de sus vecinos.Es una tendencia que va contracorriente en ciudades con mayor calidad de vida. Ciudades como Ámsterdam, por ejemplo, saben combinar el manejo del vehículo con el transporte público.Además allí el pedaleo es una práctica extendida. El empleo urbano de la bicicleta revela no sólo un cambio de hábito a favor de la salud, sino una mayor conciencia ecológica.
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