REDES SOCIALES
Qué es el "Doomscrolling" y cómo impacta en la salud mental de los jóvenes
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El consumo constante de noticias y videos a través de pantallas se transformó en una práctica cotidiana que, muchas veces sin advertirlo, influye de manera negativa en el estado de ánimo, el descanso y la salud mental.
En una sociedad marcada por la hiperconectividad y la sobreabundancia de información, el llamado doomscrolling se volvió cada vez más frecuente. Este comportamiento consiste en deslizar de manera ininterrumpida por redes sociales y sitios informativos, exponiéndose de forma continua a contenidos cargados de negatividad. El término combina las palabras inglesas doom (fatalidad) y scrolling (desplazamiento en pantalla), y define un hábito compulsivo de consumo de noticias desfavorables.
La práctica se intensificó durante la pandemia de COVID-19, cuando millones de personas buscaban actualizaciones permanentes sobre contagios, fallecimientos y restricciones. Aunque ese contexto ya quedó atrás, la conducta no desapareció. Por el contrario, se trasladó a otros temas de preocupación global, como las crisis económicas, los conflictos armados y los desastres ambientales, manteniendo el mismo patrón de exposición constante.
Lejos de tratarse de una simple costumbre, el doomscrolling presenta características similares a una adicción. Las plataformas digitales utilizan algoritmos diseñados para destacar contenidos impactantes o alarmantes, lo que incentiva a los usuarios a permanecer conectados durante más tiempo y a consumir información cada vez más perturbadora.
Especialistas en neuropsicología advierten que esta dinámica sostenida puede generar consecuencias nocivas. Entre los efectos más comunes se encuentran la ansiedad, el estrés prolongado, las dificultades para dormir y la fatiga emocional. A nivel cerebral, la reiterada atención a estímulos negativos refuerza circuitos vinculados al pesimismo, lo que puede aumentar la sensación de desesperanza, la irritabilidad y el malestar general.
Distintos profesionales coinciden en que el doomscrolling activa de manera constante el sistema de alerta del organismo. La exposición repetida a noticias negativas provoca la liberación de hormonas asociadas al estrés, como el cortisol y la adrenalina. Esto repercute no solo en el ánimo, sino también en el sistema inmunológico, la calidad del descanso y la capacidad de concentración.
Con el tiempo, muchas personas terminan vinculando el uso de internet con emociones desagradables, aunque continúen repitiendo el hábito de forma automática. Esta situación puede derivar en una desconexión emocional, una especie de insensibilización frente al sufrimiento ajeno, que afecta la empatía y produce un marcado agotamiento psicológico.
Si bien se trata de una conducta profundamente instalada, existen formas de reducir su impacto. Entre las recomendaciones más habituales se encuentran establecer horarios definidos para informarse y evitar el consumo de noticias antes de dormir; limitar el tiempo de uso de redes sociales mediante herramientas digitales; optar por contenidos más equilibrados y con enfoques constructivos; y promover momentos de desconexión consciente, realizando actividades sin pantallas como caminar, leer o meditar.
Los profesionales de la salud mental también sugieren prestar atención a las sensaciones que aparecen después de consumir determinado tipo de información. La presencia de angustia, irritabilidad o cansancio puede ser una señal de alerta para replantear el vínculo con el entorno digital.
El doomscrolling es una práctica cada vez más extendida, pero no inevitable. Reconocer sus efectos y adoptar una mirada crítica sobre el consumo de información puede ser el primer paso para construir una relación más saludable con la tecnología.
