¿Qué está colapsada: la economía o la tierra?
Mientras los ecologistas sostienen que ya no es posible sostener el actual nivel de consumo, y piden "decrecimiento", en el mundo rico los "indignados" parecen no querer perder su tren de vida.Es una curiosa sensación de época: el horror ecológico parece haberse trastocado en horror económico. Al menos en los países centrales, donde la gente teme más a la recesión que a la polución.El movimiento de los "indignados" es visto, más allá de los discursos, como la expresión de una generación de jóvenes atemorizados por la caída del confort de que disfrutaron sus padres.Le llaman "la crisis del estado de bienestar". Seguramente muchos de esos jóvenes hasta acá venían preocupados por la crisis ecológica provocada por el sistema económico.Ahora ante el desempleo y el recorte de los beneficios sociales del Estado, ante la perspectiva de un futuro de frugalidad material, sólo piensan en cómo hacer que vuelva la edad de oro del bienestar.No parecen, por tanto, deseosos de cambiar de vida, abandonando así la confortable existencia burguesa de la sociedad opulenta. Su pataleo ante los políticos y banqueros reflejaría la angustia de ya no ser.El punto es que tanto en Estados Unidos como en Europa, afectados por la malaria económica, no parece seducir la consigna de frenar el crecimiento para darle respiro al planeta.La obsesión ahora es el empleo y su escasez, con la idea fija de no perder el nivel de vida atado al consumo. Y para ello, la clave pasa por hacer que la máquina económica recupere su anterior ritmo febril.Mientras tanto, los ecologistas siguen advirtiendo que justamente esa máquina es inviable, en el sentido de que su lógica conduce a una catástrofe inevitable.La idea central es que, más allá de la actual crisis del capitalismo en los países centrales, los seres humanos venimos consumiendo más recursos naturales de lo que la Tierra genera.El razonamiento aparece en el último editorial de la página EcoPortal.net -un prestigioso sitio donde se debaten temas de ambiente y sociedad- bajo la firma de su director Ricardo Natalichio."Venimos gastando a cuenta, depredando recursos naturales de forma insustentable y hasta el agotamiento", refiere en alusión a los recursos pesqueros, a los nutrientes del suelo, al oxígeno y al agua potable.Al respecto, cita un estudio de Global Footprint Network (GEN), una organización de investigación medioambiental, quien acaba de anunciar que ya se consumió el presupuesto de recursos naturales para el presente año.A partir de hoy y hasta el 31 de diciembre se está generando, de esta forma, "deuda ecológica", en virtud de la sobreexplotación de los recursos a que conduce la actual economía.Mientras los titulares de los diarios del mundo nos anotician de los quebrantos fiscales de los Estados, y de la bomba de su sobreendeudamiento, más el pánico de los mercados financieros, nadie parece anoticiarse, nos dice Natalichio, del pasivo ambiental."Es una economía estúpida la que han creado, estúpida y suicida", afirma al quejarse de que la crisis en realidad está en otro lado. El apetito "ilimitado" por los objetos, sugiere, choca desde hace tiempo contra los "límites" del planeta.Ahí está la contradicción sistémica, inédita por otra parte, a que ha conducido la sociedad de consumo, y que la opinión pública mundial, obsesionada por el fantasma de la recesión, pretende hoy sobre todo ignorar, clama el ecologista.¿Qué esta colapsada: la economía o la tierra? ¿Cuál es la verdadera crisis que afecta al mundo? ¿Qué debería indignarnos?
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