Qué hacemos con el pasado…
Al igual que muchos hombres, las naciones envejecen prematuramente aunque muchas veces luzcan de manera saludable en su anatomía social y política. Raúl Arellano*OpiniónUna larga lista de desaciertos, políticos y económicos y de promesas incumplidas calaron hondo en el tejido social de nuestra sociedad, alterando su escala de valores y empobreciendo las expectativas. Así fuimos creyendo que estar mejor resultaba mucho más conveniente que ser mejor; un grave error de diagnóstico.En un año electoral las ofertas políticas mediáticas se preocupan por jerarquizar esta falacia, activando las protestas y desactivando las propuestas.Ortega y Gasset decía que ".... Los pueblos que no digieren su pasado terminan siendo devorados por él.... "; definitivamente cierto.La verdadera identidad nacional se cultiva con una conciencia histórica sin eufemismo y con un talento social al servicio de grandes ideas y de líneas de pensamiento abiertas a los nuevos tiempos.Entender que en la vida cotidiana de todo ciudadano solo permanece lo que conmueve y no lo que se necesita, una vieja asignatura pendiente en nuestra cultura occidental.Todo pasado no es producto de un fenómeno casual sino que responde a múltiples factores y circunstancias de naturaleza causal que acredita algunas consecuencias irremediables.De no ser así se podría afirmar que más que naciones con pasado resultarían naciones del pasado; rozando lo anecdótico.La verdadera historia como la vida misma, no resulta de lo que el pasado ha hecho con el hombre sino lo que el hombre ha sabido hacer con su pasado; como diría el genial J.P Sartre.La historia argentina; en su aspecto sociopolítico; ha cometido uno de los errores transversales más frecuentes que es el de cambiar con menos frecuencia de argumentos que de protagonistas. Pregunto y me pregunto ¿tiene algún sentido cambiar de guía sino se es capaz de cambiar de ruta?Se ha abusado en poner en práctica una seria de inconsistencias conceptuales mutando simples comedias en innecesarias tragedias.La educación tiene mucho que ver en todo esto con una manifiesta tolerancia en momificar a nuestros próceres en lugar de reconocerlos, valorarlos y humanizarlos para desacralizar el mensaje.Solemos confundir; casi alegremente; ser serios con ser solemnes creando una contra- cultura light y un relativismo histórico peligroso. Ser y durarSer y durar nunca serán los mismos. Puede durar lo que no cambia. Pero solo puede ser lo que trasforma en un nuevo equilibrio y se fortalece.Que todo cambie para que todo siga igual, no nos ha dado un buen resultado; pues no se puede maquillar ningún pasado.Gran parte de nuestros problemas con la historia no resultan interesantes, son graves.No se puede ni se debe ignorar la verdadera historia porque la misma prepara su propia venganza, en algún momento.Entre el blanco y el negro de la historia hay un sin números de grises que ameritan ser revisados.Las dicotomías ideológicas crearon un estado de crispación colectivo y genera un humor social anárquico que anula todo dialogo.Quizás haya llegado el momento de entender el pasado para no mentirnos tanto y así salir de tanta oscuridad histórica.Solo el conocimiento menos enciclopedista y retórico nos puede ayudar, porque algunos olvidos están llenos de memoria.* Doctor, profesor universitario
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