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¿Qué raro no? Para ganar las elecciones, ¿hay que gobernar bien?

Arrancó el 2021 y el Presidente consiguió cierta tranquilidad. El país inmerso en el debate de la vacuna rusa, si sirve o no, si hay que ponérsela o no, si llega o no llega. Parece por ahora un debate inocuo para el gobierno que, muchas veces, en lugar de aclarar contribuye a la confusión general. El dólar, bastante quieto desde hace semanas, aporta algo de calma a las variables.

Por Jorge Barroetaveña

El mismo Ministro Guzmán lo anticipó en su visita del jueves a Entre Ríos. La inflación de diciembre pegó un respingo, saltó al 4% y las previsiones indican que en el primer trimestre del año no va a aflojar. Coincide con los primeros indicios de salida del fondo del pozo en el que quedó la economía después de un año de pandemia y el mayor movimiento registrado en diciembre, como es habitual. Pese a las restricciones y temores que todavía genera la pandemia.

Lo peor es que la remarcación recién comienza. El impacto más grande se registra en el rubro alimentos, sin tener en cuenta los aumentos de tarifas que serán inevitables y le preocupan al Presidente. El mismo Alberto intervino para parar un retoque de las prepagas. La nafta, paso a paso sigue su camino y tratará de recuperar lo que perdió el año pasado. Es otro goteo que tampoco se puede obviar porque pisar indefinidamente esa variable no se puede y las consecuencias podrían ser impredecibles.

Guzmán de todas maneras actúa como si no recibiera cuestionamientos. Después de la famosa marcada de cancha en diciembre que le hizo Cristina desde La Plata, ha consolidado su posición tratando de avanzar en resortes claves de la administración que necesita le respondan.

Sus oídos tampoco están cerrados y se desvela por fogonear los niveles de consumo, como un calco de lo que reclamó la vice hace unas semanas. Poco puede hacer por evitar las marchas y contra marchas que amagan convertirse en un sello de la gestión Fernández. Esta semana fue el turno de las exportaciones de maíz que, al final, fueron reabiertas. O aumentos que se autorizan a la mañana y a la tarde se suspenden como el de las prepagas. Guzmán intenta ponerse por encima de todo y apaga los incendios. El dólar al menos desde hace semanas que goza de cierta estabilidad. Más allá de los agoreros eternos, los niveles que tiene hoy deberían ser compatibles con un funcionamiento más o menos normal de las variables económicas. El fantasma de la devaluación era insólito con un dólar a 195 y lo sigue siendo a 160.

La incógnita es qué pasará con la economía cuando las otras variables arranquen. Por ahora sólo se están desperezando porque la pandemia pone todo en jaque. Igual hay una decisión clave en la bonanza de influencias que vive el ministro: el Presidente le dio todo su respaldo y el gabinete lo sabe. ¿Alcanza? El gobierno deberá enfrentar la peor crisis económica de la historia en un año electoral y todos sabemos lo que habrá en juego. Es probable que las buenas noticias vengan desde afuera porque el precio de los comodities no cede y eso representa un ingreso adicional de dólares incalculable para las exhaustas arcas del Banco Central. Si ese viento de cola, como hicieron Néstor y Lavagna en el 2003, se puede aprovechar es otra historia. La raíz es la misma pero los actores son diferentes. Quizás la experiencia de Alberto, en aquella época Jefe de Gabinete, sirva para capitalizar la ventaja.

Claro, hoy hay más pobreza, mayor dependencia del estado y menos capacidad para maniobrar. El país tiene casi vedado el financiamiento externo y los efectos de la pandemia no se sabe cuánto ni hasta dónde llegarán. Su terrible zaga también condicionará todo este año hasta que alguna de las vacunas que circulan nos acerque al final del túnel.

Para enderezar la economía, la política tiene que meter menos la cola. Y en eso, alguien que está en el Senado y alardea una y otra vez con su poder, debería sacar el pie del acelerador. Forzar al Presidente a decir que no piensa indultar a nadie, para contestarle a todos (incluso funcionarios de su propio gobierno) los que reclaman por Boudou es empujarlo sin necesidad a un abismo sin fondo. Y es perjudicial hasta para aquellos que se bancan al Presidente porque no les queda más remedio. Si en economía el timón se puede zarandear, la política tiene un límite y todos los saben: Alberto no puede traspasar la barrera que lo enemistará para siempre con un sector grande la sociedad, que incluye a votantes que le abrieron las puertas del poder. Lo sabe y tiene dos caminos. El que eligió hasta ahora que es resistir a los pedidos o aceptarlos, hipotecando su propio futuro.

Hay algo que a lo mejor lo beneficie. El 2021 es un año electoral y nadie en el gobierno se puede dar el lujo de perder las elecciones. Así como el 2019 sirvió para juntar los restos rotos del peronismo del 2015, este permita hacer convivir de vuelta lo más parecido al agua y al aceite. Ganar elecciones no es lo mismo que gobernar. Aunque es cuestión de tiempo. Pero para ganar elecciones hay que gobernar bien. ¿Nada raro no?

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