Que siga el recreo
Entre Ríos es de esas provincias en donde el ritmo pedagógico lo marca el ocio. Con menos días y horas de clases, nuestros niños y jóvenes viven una especie de jauja, en un recreo permanente.
Acá la novedad no es el parate sino que haya clase. Si se computan los feriados, se podría decir que hay un clima de receso permanente. ¿Hay clase?, ésa es la pregunta que hacen los alumnos y padres todo el tiempo.
A ese punto hemos llegado, mientras los responsables directos de esta situación –el gobierno y el gremio docente- hace tiempo se tiran el fardo entre ellos. Esto en medio del fracaso escolar más apabullante.
Porque los alumnos cada vez aprenden menos, porque en la escuela cada vez se respira menos clima de estudio, porque conocer importa poco, porque hay una nueva generación que desprecia el valor de la inteligencia.
“Hay un ritmo en la educación, de tener clases todos los días y de que las clases sean tantas horas, que no se recupera ‘toqueteando’ los contenidos. El rendimiento escolar está directamente asociado a la exposición escolar”.
Eso dice el ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, al admitir la dificultad en cumplir con los 180 días de clase, por los paros. A lo que se suman las “horas libres”, sobre todo en el secundario, porque los profesores faltan.
En realidad, se ha instalado la idea en la sociedad de que los docentes faltan indiscriminadamente y que hacen abuso de un estatuto permisivo. Hay, además, un jubileo de licencias que se refleja en el incremento de horas vacantes y suplencias.
Las autoridades escolares distritales admiten el mismo problema: aumentan las horas de clases perdidas. Y no se necesita ser un experto para darse cuenta que la discontinuidad en el proceso pedagógico atenta contra la educación.
“El aumento de las horas libres es un hecho. Y a los efectos de los aprendizajes y de la organización de la escuela es un problema serio”, aseguró la Subsecretaria de Equidad y Calidad Educativa del ministerio nacional, María Inés Vollmar.
Los docentes, por su parte, se defienden atacando a la organización. “Las horas libres son un problema de falta de previsión del sistema, del que el sistema no se hace cargo”, señaló la coordinadora del Instituto de Investigaciones Pedagógicas de CTER, Silvia Vázquez.
Y agregó: “Hay muchas situaciones por las que un docente no puede estar en clase: desde enfermedades provocadas por las condiciones en las que trabaja hasta reuniones convocadas por las autoridades, salidas didácticas o el derecho a la formación en servicio”.
Como se ve, unos y otros, gobierno y gremio, se sacan la responsabilidad de encima, echándose mutuamente la culpa. Mientras tanto la educación cae en picada.
En junio de 2008, se divulgaron los resultados de una evaluación internacional de la Unesco sobre lectura, matemática y ciencias naturales a chicos de tercero y sexto grado, de 16 países de la región, y la Argentina quedó superada por Cuba, Uruguay, Costa Rica, Chile y México.
El desempeño argentino profundiza la tendencia negativa registrada en las mediciones internacionales de la calidad educativa. Es decir, el país cae en el ranking regional.
Hace tiempo dejó de ser el faro cultural de América Latina y una de las naciones más cultas del planeta. Su sistema escolar, otrora envidiado por otras naciones, luce hoy deshilachado.
Que siga el recreo.
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