¿Quién para la crisis ecológica?
Los líderes mundiales parecen alimentar el fatalismo ambiental. Advierten que vamos mal, que el planeta no aguanta, pero al mismo tiempo se muestran impotentes ante el drama.Esa es la sensación que transmite, por caso, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien a propósito de los deshielos en los polos advirtió que "estamos pisando el acelerador y nos dirigimos al abismo".Tras visitar en los últimos días la base internacional de Ny Alesund en Noruega, donde observó directamente el impacto del cambio climático sobre el Ártico, el funcionario quedó impactado."El Ártico se está calentando más rápido que cualquier otro lugar en la Tierra", dijo. Tras lo cual le puso fecha al desastre: "Podría quedarse sin hielo para 2030".El secretario general de la ONU reveló que los escenarios más distantes que había planteado el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático -una de las instancias científicas de mayor credibilidad en la materia- están "ocurriendo ahora".Explicó que el Ártico, "en lugar de reflejar el calor, lo está absorbiendo, mientras que el hielo disminuye. Esto acelera el calentamiento global". El dato es que hay un gas atrapado en el subsuelo y en el lecho del mar de ese polo del planeta.El problema es que este gas está siendo liberado a la atmósfera, con el peligro que esto supone. "Un gas de infecto invernadero 20 veces más poderoso que el dióxido de carbono", explicó el funcionario.Además advirtió que el incremento del deshielo en Groenlandia amenaza con elevar el nivel del mar y alterar la corriente del Golfo, que es la que lleva calor a Europa.De hecho Ban Ki-moon dijo que ya se observa un aumento del nivel del mar, que para fines del siglo XXI podría subir entre 50 centímetros y 2 metros, poniendo en peligro a las poblaciones que viven en la zona costera y en otros lugares."Estamos pisando el acelerador y nos estamos dirigiendo al abismo". ¿A quién le dirige esta advertencia el secretario general de la ONU? ¿A los gobiernos, a los industriales, a la población? ¿A quién?El problema de este discurso, alrededor de una casi inevitable venganza de la naturaleza contra los afanes manipulativos del ser humano, es que luego no se traducen en un correctivo consecuente.Los acuerdos que permitan recortar las emisiones de gas contaminante, por caso, siempre terminan en intentonas fallidas. La superestructura de poder mundial -si es que existe algo parecido- parece incapaz de detener lo que el mandamás de la ONU profetiza en tono tenebroso.No quieren, no pueden o no saben. A decir verdad, mientras por un lado se alimentan apocalípticas visiones del futuro, por el otro lo que reina es una sensación de impotencia.¿Quién para la crisis ecológica? Hay cierto consenso mundial sobre el diagnóstico: si bien el hombre, a lo largo de la historia, ha ido adaptando la naturaleza -su entorno- a sus necesidades, también es verdad que progresivamente ha ido deteriorando su hábitat.A esta certeza su suma otra: ese deterioro es mayúsculo, de consecuencias a estas alturas nefastas, y en algún sentido irreversible. Al menos eso es lo que se desprende de los dichos de personalidades como Ban ki-moon.Pero más angustiante que esto, quizá sea sentir que el hombre no controla los procesos que ha desencadenado. Que no haya quién o quiénes puedan, finalmente, evitar lo peor.¿Acaso el deterioro es imparable?. ¿El hombre ha llegado tarde para remediar el daño ocasionado al entorno? ¿Se le ha escapado de las manos la crisis ecológica?El fatalismo ambiental campea en el discurso del secretario de la ONU.
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