¿Quién soy yo? o la deseada identidad
Las historias de hijos que buscan a sus padres o de abuelas que buscan a sus nietos, refleja la importancia de constituir la identidad a partir de los orígenes familiares.Eso se infiere de la reciente recuperación del nieto de Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, quien puso fin así a 36 años de búsqueda.Guido, que lleva hoy el nombre de Ignacio Hurban, había nacido en cautiverio en 1977 en un centro de detención de La Plata. Sus padres biológicos fueron Laura, la hija desaparecida de Estela de Carlotto, y de Walmir Oscar Montoya, ambos militantes montoneros asesinados por los militares."Él me buscó; ya lo he podido ver, es hermoso", dijo Carlotto, casi llorando en conferencia de prensa. "Yo no quería morirme sin abrazarlo", afirmó.Como el proceso de acercamiento y revinculación con el muchacho y la familia que lo crió es reciente, Carlotto habló de prudencia. "A los nietos les decimos que con su identidad los espera la libertad, el amor. Nadie les va a decir que no quieran a alguien", dijo.Este tipo de experiencia invalida algunas teorías que relativizan la importancia de la identidad, de la biografía personal, o que directamente cuestionan el concepto de la personalidad.La identidad expresa la cualidad de una cosa para estar en relación con ella misma, aquello que le permite ser como es. Algunos filósofos hablan de "mismidad". La pregunta clave gira alrededor de '¿Quién soy?'.Para un hijo de desaparecidos, para alguien trasplantado a otra familia, esa pregunta tiene densidad existencial. El día que descubre que en realidad fue apropiado, se infiere la búsqueda angustiosa por conocer a sus padres biológicos. Que en el fondo es una búsqueda por sus raíces y su historia familiar, pilares fundamentales de toda identidad.¿Quién soy yo? Esa misma pregunta se está convirtiendo en una obsesión, además, en aquellas personas concebidas con semen donado, en muchas partes del mundo. Muchos de ellos, concebidos a través de inseminación artificial, se lanzan a la búsqueda de su padre biológico.Como algunas donaciones de esperma son anónimas, conocer el origen biológico se complica. "Ni el donante sabe a dónde fue a parar su semen ni los padres saben más datos del donante que su talla, su color de piel, ojos y pelo", señala el médico especialista Marco Julio Velázquez, de la organización colombiana Fecundar.Mientras en algunos círculos científicos estas donaciones se comparan a las de cualquier otro tejido, como la córnea, los hijos sin embargo no tienen esa mirada, la ven como parte de su herencia genéticaUna investigación hecha por Karen Clark y Elizabeth Marquardt encontró que los hijos nacidos de donantes de semen u óvulos son más propensos a tener problemas con la justicia, a abusar de sustancias psicoactivas y a reportar depresión.En parte los especialistas atribuyen estas conductas al hecho de que estas familias no tienen seguimiento y los niños crecen con dilemas que nunca resuelven. "No existe el 'donante'. Cada niño tiene un padre biológico y pretender lo contrario es aumentarles el dolor", señaló Clark a la revista Slate.En tanto el psicólogo Serge Tisseron elaboró el cuento "El misterio de las semillas de bebé" como ayuda para los padres que recurrieron a la reproducción asistida y quieren explicar a sus hijos de dónde vienen."Para que nuestros hijos puedan reflexionar serenamente sobre qué direcciones tomar en un mundo imprevisible, es indispensable que tengan claro de dónde vienen", explicó el profesional.
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