"Aguas arriba, aguas abajo
Este es el lema con que hoy se celebra el Día Mundial de los Humedales. La idea que se quiere transmitir, así, es que todos estamos interconectados dentro de una cuenca hidrográfica.o
Todos los años se recuerda la importancia de los humedales como ecosistemas únicos, donde la presencia del agua es el elemento característico, los cuales ayudan a la conservación de la diversidad biológica y el bienestar de comunidades humanas.
El alcance ecuménico de esta celebración se vincula a que un día como hoy, 2 de febrero, pero de 1971 se aprobó la Convención sobre los Humedales (tratado intergubernamental) en la ciudad iraní de Ramsar, situada en la costa del Mar Caspio.
La Convención Ramsar –como se la conoce- procura la conservación y el uso racional de los humedales. Argentina es un país rico en ambientes acuáticos como bañados, esteros, islas fluviales, lagunas, lagos, cañadones, ríos y arroyos.
El cambio climático, síntoma del desbarajuste ecológico que sufre desde hace tiempo el planeta Tierra, ha puesto sobre el tapete la importancia capital de estos reservorios de agua.
De hecho se habla que este siglo será escenario de una verdadera guerra por el líquido vital. Y esto ante la desertificación creciente del planeta y la contaminación de las fuentes de agua.
Según los expertos la destrucción de humedales acelera el cambio climático. Y esto porque se ha probado que la existencia de estos ecosistemas mitigan las emisiones de CO2 a la atmósfera (causa del calentamiento global).
Ocurre que los humedales funcionan como sumideros de carbono. Los bosques sólo pueden almacenar una cantidad limitada de carbono, mientras que los humedales lo hacen como un proceso continuo en forma de turba.
Por otro lado, recordar la importancia de los humedales tiene un profundo significado para la Argentina, que vive una sequía histórica, y para Gualeguaychú, cuya lucha antipastera es en pos de preservar el río Uruguay y su ecosistema.
Algunos estudiosos vinculan el monocultivo de la soja con la actual sequía. Es el caso de Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural, quien días atrás le dijo a este diario que existe una relación causa-efecto.
"Uno quita los árboles y así se rompe el ciclo del agua y de la humedad. La sequía responde a desequilibrios climáticos profundos y de haber quitado la cubierta al suelo. Esto no se lo está reconociendo y es la parte negativa de un modelo (el sojero) supuestamente exitoso", explicó.
La expansión de la frontera agrícola, sobre la base de la tala indiscriminada de bosques nativos y el drenaje de los humedales, estaría paradójicamente detrás de la actual sequía, la cual está produciendo cuantiosas pérdidas económicas.
Por otro lado, se podría establecer un paralelismo entre este modelo único de la soja con el monocultivo del eucalipto, que se está expandiendo en el Uruguay a partir de la instalación de pasteras.
El eucalipto, que es una especie exótica, demanda una gran cantidad de agua tanto para su plantación (en grandes extensiones) como para la producción de celulosa, lo que provoca el agotamiento de las fuentes de agua.
Fueron los científicos uruguayos quienes alertaron, allá por 2005, sobre los efectos dramáticos del modelo forestal en su propio país. Reunidos en torno a la Universidad de la República, de Montevideo, emitieron una carta de advertencia.
Allí se decía que "la forestación disminuye el rendimiento hidrológico aproximadamente en un 70%" y produce sequía. También "compromete seriamente la fertilidad de los suelos”.
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