Raíces olvidadas: el pasado esclavista de Gualeguaychú y la construcción de la memoria étnica
:format(webp):quality(60)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/11/afro_esclavitud.webp)
Desde antes de su fundación, la ciudad guarda una historia poco conocida con la esclavitud. Los archivos locales revelan la crueldad en las estancias coloniales de la zona y la resistencia cultural de los afrodescendientes en las tertulias de candombe. En tanto, desde el Museo Casa de Haedo se impulsa la investigación de esta fascinante pero aún incompleta parte de nuestro pasado y se convoca a la comunidad a ser parte de su rescate.
Cada 8 de noviembre se conmemora el Día Nacional de los Afroargentinos y de la Cultura Afro en homenaje al fallecimiento, en 1847, de María Remedios del Valle, heroína de la Guerra de la Independencia que combatió como capitana bajo las órdenes de Manuel Belgrano. La fecha busca reivindicar los aportes culturales de la comunidad afrodescendiente en la formación de la identidad nacional, combatir la invisibilización histórica y promover políticas públicas y contenidos educativos en las escuelas del país.
Entre los siglos XVI y XIX, se estima que más de 12 millones de personas fueron secuestradas de las costas africanas para ser vendidas como esclavas en el Nuevo Continente. Aunque el Río de la Plata no recibió la misma magnitud de esclavizados que el sur de los Estados Unidos, el Caribe o Brasil, desde la colonia hasta la segunda mitad del siglo XIX —inclusive—, los negros fueron un sector de la población claramente identificable y su forzada servidumbre constituyó un elemento importante de la dinámica social y económica del territorio. Su protagonismo también se hizo evidente en la Guerra de la Independencia y en las guerras civiles, uno de los múltiples factores —junto a la asimilación con el inmigrante— que contribuye a explicar su gradual y aparente “desaparición” en nuestro país.
:format(webp):quality(60)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/11/afro_esclavitud_2.webp)
La posterior invisibilización de una historia negra en la Argentina se trasladó por extensión a nuestra ciudad, haciendo que la presencia de esclavos en el pasado de Gualeguaychú parezca inexistente. Sin embargo, nada podría estar más lejos de la realidad. En 2014, un año después de que se estableciera esta efeméride, el Museo Casa de Haedo se declaró Sitio de Memoria Afro, debido a su vínculo con la compra y venta de personas esclavizadas y a que, efectivamente, allí habitaron y sirvieron afrodescendientes. Desde entonces, han crecido las iniciativas por recuperar y dar a conocer esta parte olvidada de nuestra historia local.
Sin ir más lejos, el viernes pasado en el marco de La Noche de los Museos Entrerrianos, la Casa de Haedo recibió a sus visitantes con la intervención teatral “Mil historias, el mismo reflejo”, donde a través de los recuerdos de Murciana, una mujer afrodescendiente protagonizada por Melina Guigou, se reconstruyeron las historias de quienes fueron arrancados de sus tierras. Una experiencia que se suma a la de años anteriores, como la muestra “Gualeguaychú Afro” y otras intervenciones que ha alojado la Casa de Haedo.
La museóloga Natalia Derudi, a cargo de la institución y de coordinar los museos de la ciudad, viene llevando adelante en los últimos años sus investigaciones sobre este tema. En diálogo con Ahora ElDía, compartió algunas de las historias, datos y pistas que revelan los archivos locales sobre la presencia y cultura afro en Gualeguaychú.
Un ejemplo es el hecho de que el primer casamiento registrado por la Iglesia en nuestra ciudad, antes de ser fundada como tal, se realizó en 1766 “entre Francisco Solano Martínez, indio del Paraguay, y María Josefa de los Santos, negra natural de Angola, esclava de don Juan de los Santos”.
:format(webp):quality(60)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/08/esclavos_gualeguaychu_3.jpg)
Ubicándonos en aquella época, otro caso llamativo es el de Esteban Justo García de Zúñiga, uno de los terratenientes y esclavistas más poderosos de la zona. En 1783, meses antes de la fundación de la Villa de Gualeguaychú, fue denunciado por haber introducido de manera ilegal a 47 esclavos africanos y bienes sin declarar en sus estancias conocidas como los “Campos Floridos”.
De acuerdo con los trabajos de Julio Djenderedjian, investigador del Conicet, para 1803 Esteban tenía 12 familias de esclavos que formaban un total de 61 personas. Por su parte, Pablo Stein en su libro “Esclavos y esclavistas de Entre Ríos” cuenta que Mateo García de Zúñiga, hijo de Esteban, heredó e incrementó este número hasta tener 200 esclavos hacia 1851.
Un dato escalofriante que aporta Djenderedjian es que “existen varios testimonios acerca del maltrato y duro trabajo con que Esteban García de Zúñiga atormentaba a sus esclavos”. En 1798 siete de ellos se refugiaron en la comandancia de Gualeguaychú “por razón del insoportable trabajo y castigo que les daba (...) el testigo (…) cuando estuvo en la Estancia de Don Esteban observó que este daba a sus esclavos y esclavas, un pésimo trato (...) castigándoles con mucha crueldad, fuese leve o grave el motivo (...) por lo que generalmente se le huyen”, cuentan las actas.
Yendo al vínculo de la Casa de Haedo con la esclavitud, Derudi explicó que este comienza antes de su construcción, ordenada en 1808 por José Borrajo. Existen cartas de 1803 y 1804 que indican su compra de un esclavo hombre y de “dos negritas llamadas Murciana y Franca”. A su vez, en su correspondencia con Ventura Haedo, este recomienda a Borrajo la compra de esclavos jóvenes, de entre 14 y 16 años, argumentando que sirven mejor para la mano de obra de la grasería y el sebo, los peores trabajos.
“Ventura Haedo era el tío de José Antonio Haedo, y fue enviado por él para ocuparse de sus negocios en Gualeguaychú. Ventura vivía en Buenos Aires, era comerciante y se escribía con José Borrajo, que tenía su comercio en la esquina de la casa. José Antonio después se casó con la hija de Borrajo y continuó con los negocios de su suegro”, agregó la museóloga.
:format(webp):quality(60)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/11/afro_esclavitud_1.webp)
En las décadas siguientes, el Archivo del Registro de la Propiedad de Gualeguaychú muestra que la compra y venta de personas, que a menudo se realizaba en la actual Plaza San Martín, era habitual. Hay evidencia de estas transacciones incluso hasta 1851, dos años antes de la abolición definitiva de la esclavitud con la Constitución Nacional de 1853.
También pueden leerse anuncios en ejemplares del diario local El Progreso de Entre Ríos, fechados en 1849 y 1850, en los que se vende “una criada de todo servicio”, de 28 años, que “sabe lavar, planchar y cocinar y no tiene vicios más que fumar”, a la cual “se dará a prueba por ocho días”.
“En este artículo se podría destacar cómo la Libertad de Vientres (de 1813) fue ‘ignorada’ y un vacío legal permitía que una mujer nacida como liberta en 1821 fuera vendida como ‘criada’. Eran nuevas denominaciones que encubrían la mano de obra esclava en la ciudad, y sin dudas esto se replicaba en varios puntos del territorio”, acotó Derudi.
Incluso después de abolida la esclavitud, la condición de los libertos y sus descendientes no mejoró demasiado. En muchos casos, continuaron en carácter de sirvientes y “criados” de las familias acomodadas; otros siguieron realizando las tareas pesadas del campo y la ciudad como peones y obreros. Por fuera de estos lugares y márgenes que les asignaba la sociedad, trataron de subsistir como pudieron.
Las tertulias de candombe
Un aspecto interesante desde el que conocer qué sucedía con la población afro en la dinámica social posterior a la esclavitud es la continuidad de los candombes, que en la época colonial se desarrollaron como espacios de resistencia e identidad, más allá de lo artístico y musical con que se los asocia hoy en día.
“Cofradías, Salas de Naciones, Irmandades o Candombes fueron algunas de las denominaciones que identificaron en varias regiones y en diferentes momentos históricos a las comunidades de afrodescendientes en lo que hoy es el territorio argentino. Fueron espacios de resistencia y de sociabilidad en los que participaban ‘negros, mulatos y pardos’. Aquí en Gualeguaychú sabemos de la existencia de Reinas Africanas que sin dudas fueron figuras emblemáticas en esa conformación social”, contó Derudi.
Y agregó: “También podemos destacar la figura de las ‘Tías’, que fue un concepto ligado a la comunidad de afrobrasileñas que llegaban a estas latitudes en búsqueda de la libertad, muchas veces dándose a la fuga y atravesando muchos pesares en ese camino. Cabe destacar que aquí la Constitución Nacional, en su artículo 15, dispone que cualquier esclavo que ingrese al país queda libre de inmediato”. A modo de ejemplo, mencionó el caso de “Tía Rita” (Rita Rodríguez): “Era la esposa de ‘El Congo’ Pereyra y la encargada de organizar tertulias de candombe en pleno centro de la ciudad. Domingo, como se llamaba ‘El Congo’, había recibido de Urquiza (por su participación en batallas) un terreno en las actuales calles 9 de Julio y Luis N. Palma”.
Por otra parte, la museóloga también comentó que “una sola mención escrita en un periódico local nos permite confirmar la existencia de un ‘barrio de negros’ en nuestra ciudad”. “Por transmisión oral, vecinos del Museo Casa de Haedo destacan haber escuchado hablar del ‘Barrio del Sartén’, que —según las pocas referencias— coincide con el Barrio Franco, en la zona norte de Gualeguaychú”, apuntó.
El proyecto para recuperar las raíces afrogualeguaychuenses
En fotos, relatos familiares, influencias culturales (como las murgas y el Carnaval) y en nuestra misma diversidad étnica asoma la raíz afro de Gualeguaychú. Desde 2025, el Museo Casa de Haedo trabaja en un proyecto de Memoria Étnica con el objetivo de entablar un vínculo con vecinos de la ciudad “que sean afrodescendientes o que crean serlo”.
“Este vínculo nos permite recuperar estas historias y contar con valiosos aportes para visibilizar la raíz afrodescendiente en nuestra comunidad, una presencia históricamente silenciada”, señaló Derudi al respecto, añadiendo que “estos pasados, a menudo difíciles de contar, integran la memoria de muchas familias que hoy son parte activa de este proyecto y, fundamentalmente, de la identidad de Gualeguaychú”.
“Poder identificar prácticas, saberes y espacios nos permite reconstruir, con los verdaderos actores, una historia que nos debemos como comunidad”, concluyó, y brindó el número telefónico 3446-402354 para que las personas interesadas puedan comunicarse y acercarse a esta iniciativa.

