Reaccionar para salvar a una institución que atiende a los niños
Existen esas noticias que de solo leerlas en los medios gráficos ya causan algún sentimiento sin hacer el mayor análisis, puesto que afectivamente están muy ligadas a nuestro corazón y causan una mezcla de sentimientos que es difícil de explicar con palabras. Oscar ÁvilaOpinión Días pasado me sorprendió saber que está camino al cierre la guardería Nazaret y me surgieron desde la desazón razonamientos cómo una institución -como tantas en Gualeguaychú- que surgió por la decisión y la lucha sin recompensas que lideraba la recordada y querida Toto Irigoyen que, conmovida por la situación de aquel entonces, le comenzó a dar forma con otras mujeres a la Guardería Nazaret.Perduró en el tiempo mas allá de Toto porque había quienes, incansablemente, le dedicaron su tiempo; luego de reconocido el niño como sujeto de derecho se readecuó a esa nueva legislación y hoy siento como que de un plumazo por cuestiones -no se de que índole- se cierra desconociendo esa construcción social solidaria y desinteresada quizás desconociendo que todavía sigue siendo una necesidad del barrio.Resulta paradójico hoy en este año que el Papa Francisco nos convoca a todos los Cristianos a trabajar por los pobres, inhabilitar un espacio donde se trabaja, se contiene y mucho, por los que menos tienen.Recuerdo aquellos años en lo que trabajaba en la Escuela N° 89 Horticultura y en forma mancomunada e integrada trabajábamos con la guardería Nazaret haciendo prevalecer la contención, el acompañamiento y el afecto.Se me vienen a la mente muchos nombres de personas que ayudaban y a la que le llamábamos para que los niños asistieran a la escuela como también en los recesos garantizar la atención en la alimentación de los niños.Y esto no es simple nostalgia es valorar lo que había y lo que queda para intentar persuadir a quienes tienen la facultad de decidir por el cierre de una institución que contemplen todo el contexto, consulten evalúen y si es necesario pidan ayuda.Pero no cometan el error de cerrar una guardería tan necesaria no solo para el cuidado de los niños sino para sus vivencias sociales imprescindibles para su inserción en otros ámbitos de aprendizaje.Pero como reza una frase por ahí más que la maldad de los malos me preocupa la indiferencia de los buenos. He visto pocos que manifiesten su opinión por esta situación, sí he visto lamentos por las redes sociales pero ésta, como tantas otras situaciones, necesitan de acciones comprometidas que permitan el mejor de los logros para los niños de ese barrio.Este es el momento para golpear cacerolas y recuperar la conciencia de lo colectivo, de ver las necesidades del otro de ayudar a construir una mejor sociedad, de unirnos en pos de un objetivo común.Si no logramos darnos cuenta de cuáles son las necesidades de los otro, mías y construir el nosotros, estaremos saliendo a la calle para juntarnos a golpear cacerolas solo seremos unos amuchados en pos de la defensa del interés individual.
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