UN DEBATE CRISTIANO
Redes sociales, discursos de odio y religión: el padre “Goyo” presentó un libro que invita a reflexionar sobre los vínculos digitales
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/11/goyo.jpeg)
El cura muy querido en Gualeguaychú, que actualmente reside en Concepción del Uruguay, escribió el libro “¿Cómo ser cristiano en las redes sociales?”, que invita a repensar el uso de la tecnología, desde una mirada católica, pero que bien invita a revisar hábitos a aquellos que no comulgan con ningún dios.
En tiempos donde la vida cotidiana transcurre entre pantallas, mensajes y notificaciones que no se detienen, el sacerdote Pbro. Gregorio “Goyo” Nadal publicó un breve libro en el cual parte de una pregunta ¿Cómo ser cristianos en las redes?, y esbozó una propuesta que invita a mirar el mundo digital con más conciencia, más calma y más humanidad.
Recordemos que Goyo fue un precursor al utilizar las redes sociales, sobre todo impulsado por la pandemia de Covid-19, como mecanismo para divulgar la Fe y encontrarse con los demás en la ciudad.
“El libro nace inspirado en dos textos claves de la Iglesia: la encíclica Fratelli tutti —donde el Papa Francisco describía la agresividad y la polarización propias de nuestro tiempo— y el documento ‘Hacia una plena presencia del Dicasterio para la Comunicación’, que ayuda a comprender que las redes no son solo herramientas, sino ambientes que moldean vínculos, sensibilidades y decisiones interiores”, contextualizó el padre Goyo en diálogo con Ahora ElDía.
A partir de esa base, el sacerdote desarrolló un recorrido en breves caminos. El primero muestra cómo la hiperconexión dispersa la atención y afecta la vida interior. El segundo relee la parábola del Buen Samaritano para aprender a “detenernos” también en los espacios digitales y ver que detrás de los usuarios hay personas rotas, con historias que a veces afloran “proyectadas” en los otros. El tercero destaca la importancia de recuperar la escucha profunda en un mundo que reacciona más de lo que comprende. El cuarto propone el discernimiento para no responder desde la herida. El quinto invita a comunicar como bálsamo en medio de tanta agresividad. Y el sexto subraya la necesidad de ser auténticos en un ámbito donde la imagen suele pesar más que la verdad.
Puede interesarte
A lo largo de las páginas, el libro plantea una idea central: lo que hacemos en las redes habla de quiénes somos. Nuestras palabras, silencios, reacciones y decisiones digitales dicen mucho de nuestra interioridad. Por eso, propone vivir ese espacio desde las virtudes humanas y cristianas —mansedumbre, prudencia, respeto, humildad, caridad— como un modo concreto de humanizar la comunicación cotidiana.
“La intención no es idealizar las redes ni condenarlas, sino invitarnos a mirar qué nos pasa por dentro cuando navegamos. ¿Por qué algo nos hiere? ¿Por qué reaccionamos con enojo? ¿Por qué ciertos comentarios nos perturban? ¿Por qué sentimos cansancio después de un rato en el celular? El libro sugiere que, más allá del contenido externo, las redes también revelan nuestro mundo interior y nuestras heridas no resueltas”, expresó Goyo.
“El desafío no es desconectarnos, sino aprender a habitar este mundo de pantallas de un modo más libre, más consciente y más humano. Desde esta perspectiva, las redes dejan de ser un lugar de ruido para convertirse en un espacio donde también es posible construir encuentro, serenidad y sentido”, aseguró.
Al final, la obra deja abiertas una serie de preguntas sencillas y profundas, que ayudan a mirar nuestra vida digital con más lucidez: ¿Qué me pasa por dentro cuando leo ciertos comentarios? ¿Qué emociones aparecen cuando cierro el celular: paz, enojo, agotamiento? ¿Qué dejo entrar en mi corazón cuando paso tiempo en las redes? ¿Desde qué lugar respondo, desde la calma, desde la herida, desde la ansiedad? ¿Qué busco cuando publico algo o cuando reacciono a lo que otros dicen? ¿Cómo trato a quienes piensan distinto en los espacios digitales? ¿Qué huella deja mi palabra —o mi silencio— en los demás? ¿Qué tipo de presencia quiero ser en este mundo de pantallas, una más en el ruido, o un pequeño espacio de humanidad?
“Estas preguntas expresan el espíritu del libro: la vida digital también forma parte de la vida real. Y allí, como en cada ámbito humano, siempre podemos elegir ser presencia que acompaña, que cuida y que humaniza”, sentenció el sacerdote.
¿Cómo reaccionar ante mensajes de odio en las redes?
Ante esta consulta, Goyo reflexionó que “quizá la primera reacción sea responder con la misma dureza, defendernos, corregir, poner las cosas en su lugar. Pero pienso que en ese instante conviene hacer una pausa interior. Las redes están llenas de personas cansadas, heridas, frustradas, que descargan ahí lo que no pueden decir en otros espacios. Entonces, antes de reaccionar, vale la pena preguntarse ¿Desde dónde quiero responder? ¿Desde mi herida o desde mi fe? ¿Desde la bronca del momento o desde la conciencia de que del otro lado hay alguien real? Pienso que reaccionar cristianamente no significa callar siempre ni tampoco tolerar cualquier atropello”.
“Reaccionar cristianamente es evitar que el odio marque nuestro modo de responder. A veces la mejor respuesta es el silencio que no alimenta la violencia y otras veces es una palabra firme, sin duda, serena, respetuosa, capaz de poner un límite sin perder sobre todo la dignidad. El criterio es el mismo, que mi reacción diga más de mi fe que de mi impulsividad. A ver, sí, que mi reacción diga más de mi fe que de mi impulsividad y que el amor, que no es debilidad sino lucidez, marque entonces el tono de mi presencia, incluso cuando el ambiente se oscurece”, sostuvo.
Puede interesarte
¿Cómo participar de la discusión pública en este contexto de irritabilidad social política y económica?
“Antes de opinar habría que preguntarse algo esencial, ¿Sumar luz o combustible? Vivimos en este tiempo donde todo se discute con los dientes apretados, las redes amplifican los enojos, lo convierten casi en un espectáculo, lo transforman en identidad… Creo que en este clima participar de la discusión política no es un gesto ingenuo, creo que es una responsabilidad espiritual”, opinó.
Finalmente, dejó en claro que “participar como cristianos, no significa sin duda tener respuesta de todo, sino entrar en la conversación con otro espíritu, sin gritar para que se me escuche, sin sobre todo descalificar para tener razón, sin caer en la lógica del amigo o enemigo que destruye la convivencia”.
“Acá me hago una pregunta entonces, ¿puedo decir lo que pienso sin perder la paz interior? Si al hablar pierdo la paz quizá no sea el momento, si al opinar humillo, etiqueto, ridiculizo, no estoy evangelizando siendo concorde con mis valores con mi fe, estoy jugando el mismo juego que lastima a tantos. Entonces, participar de la discusión política creo que hoy es un acto de misión, llevar una palabra cristiana, una palabra más humana, más esperanzadora, una palabra más honesta es fundamental en estos tiempos y pienso esto, que no se trata de ganar argumentos sino de que cuidemos el clima espiritual interior en la conversación social. Creo que ahí me parece, viene nuestra contribución como cristianos, cuidar el clima espiritual en la conversación social”.

