Reformar el papado y descentralizar la Iglesia
Por lo visto el Papa Francisco pretende inaugurar un nuevo ciclo histórico en la Iglesia Católica. Su primera publicación como pontífice esboza un programa radical de reforma de la milenaria institución. Exhortación Apostólica "Evangelii Gaudium" (La Alegría del Evangelio), así se llama el escrito en el que se revela el pensamiento vivo de Jorge Bergoglio, en su intento por relanzar el catolicismo.Los analistas sugieren que el argentino aspira a retomar el giro historicista planteado por el Concilio Vaticano II. La expresión bergogliana de una Iglesia orientada a la periferia "geográfica y existencial", sintoniza con ese espíritu.El Papa Francisco, con sus gestos y palabras, viene descolocando a los extremos ideológicos, aun dentro de los muros clericales. Los conservadores lo ven muy "populista", por sus apelaciones a una Iglesia pobre; no toleran tampoco su ecumenismo militante.Los progresistas, en tanto, no termina de digerir a un pontífice que sigue aferrado a la antigua moral de la Iglesia, la cual no acepta la homosexualidad y condena el aborto, por ejemplo.Aunque ha dicho que la Iglesia "ha hecho poco por acompañar a las mujeres en situaciones muy duras donde el aborto se presenta como una solución rápida", el pontífice ha sido tajante al señalar que "no es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana".Más allá de estas tensiones internas, hay una frase en Evangelio Gaudium, muy del estilo de Bergoglio, que resume su programa: "Prefiero una Iglesia herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos".Desde esta concepción el Papa aboga por una estructura eclesiástica más abierta, descentralizada y misionera. La reforma pretender atacar un mal que aquejaría a Iglesia: la endogamia, es decir una estructura cerrada en sí misma y más preocupada por su autopreservación.La estrategia del argentino es democratizar el gobierno eclesiástico. "No es conveniente que el Papa -sostiene en su escrito- reemplace a los obispos locales en el discernimiento de todas las problemáticas que plantean en su territorio. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar una saludable descentralización".El ex arzobispo de Buenos Aires cree incluso en la necesidad de una "conversión" del propio papado: "Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Cristo quiso darle".En otra parte, el Papa Francisco sostiene que "una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera". Son todas expresiones que irían en línea con una audaz tentativa por desmontar el poder de la Curia vaticana, atravesada por luchas internas y acusada de escándalos de toda índole.Hay quienes creen que Bergoglio está decidido, así, a enfrentar una burocracia eclesiástica inepta y autocrática, condescendiente con un ejercicio del poder inmoral, que reproduce los manejos y las intrigas propias de una corte renacentista.Acometería su riesgosa tarea blindado con la popularidad que le confiere el carisma franciscano de su pontificado. Pero dotado también con la astucia propia de alguien formado por los jesuitas, al punto que Le Monde califica al argentino de "nuevo animal político mundial".
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