Editorial |

Repúblicas digitales y el fin del Estado-Nación

Los catalanes exploran la posibilidad de independizarse del Estado "analógico" español a través de una "república digital". ¿Podrían los actuales Estados disolverse en torno a nuevas identidades colectivas?

El Estado moderno tal cual lo conocemos es un invento moderno de origen europeo y burgués. Es una creación mitificada montada sobre la ruina del orden feudal. Un instituto político que se asienta sobre la concentración del poder político y el dominio de un territorio.

En este sentido, la mayor parte de las repúblicas del territorio latinoamericano surgieron hace 200 años tras la implosión del imperio español. En el caso argentino, el período de construcción del Estado-Nación se desarrolló entre 1810 y 1880.

¿Hay posibilidad de que las sociedades contemporáneas, cuyas sensibilidades e identidades se han modificado con el paso del tiempo, ya no se sientan contenidas en estas burocracias territoriales y decidan jubilarlas mediante algún formato digital?

Se sabe, por lo demás, que algunos pueblos aborígenes, como es el caso de los mapuches, se ven a sí mismos como una nación que pretende separarse de los Estados argentino y chileno.

Podrían surgir otros sentimientos separatistas, en un contexto contemporáneo donde las identidades colectivas se construyen, son móviles y múltiples, y en ellas las personas se agrupan digitalmente en torno a nuevos “nosotros” en relación con nuevos “otros”.

En Cataluña, por ejemplo, los independentistas encuentran a las nuevas tecnologías como sus principales aliadas en su intento por romper con el Estado español.

El conseller de Polítiques Digitals i Administració Pública, Jordi Puigneró, ha asegurado recientemente que Cataluña debe crear “una nación digital en forma de república” hasta que se pueda “desarrollar la república catalana de forma física”.

El conseller cree que España todavía funciona en “formato analógico”, lo que significa que los catalanes pueden ser “invencibles” en el mundo digital.

Aseguró al respecto que “sin las herramientas digitales” no se hubiera conseguido llegar tan lejos con el referéndum soberanista del 1 de octubre de 2017, ya que “todos estábamos en grupos de WhatsApp para organizar” los colegios, las urnas o el censo digital.

Indicó que el gobierno catalán está trabajando para crear la identidad digital ciudadana, que debe permitir una participación más activa de los catalanes en las administraciones dentro del mundo virtual.

Recordó además que Estonia, una ex república soviética, está construyendo una “nación digital” en la que, en caso de posible invasión, el gobierno estonio pueda “seguir existiendo sin dominar el territorio físico”.

Frente a este tipo de iniciativa como la catalana, cabe preguntarse si el ciberespacio tiene la capacidad para desmembrar el Estado-Nación, una estructura de carácter analógico, que se asienta sobre el dominio de un territorio.

Internet, justamente, ha venido a pulverizar el concepto de espacio, creando una realidad alterna, en la cual crecen “comunidades virtuales” que responden a una lógica distinta de la ideología de la nación.

En el mundo ya funciona Bitnation, una plataforma virtual que ha terminado por crear un nuevo tipo de naciones, descentralizadas y sin fronteras, como Pride Nation, e-Venezuela y una República Catalana.

“No estamos aquí para mejorar las naciones-estados que ya existen, sino para sustituirlas”, dicen los creadores de Bitnation.

Dejá tu comentario