Réquiem holandés al estado de bienestar
En un giro histórico para el capitalismo europeo, el rey Guillermo de Holanda, ante el Parlamento, acaba de anunciar la sustitución del "clásico Estado de Bienestar de la segunda mitad del siglo XX por una sociedad participativa"."Cada holandés debe adaptarse a los cambios que se avecinan", dijo el monarca, y añadió: "Todo el que puede debe hacerse responsable de sí mismo y del medio en el que vive".Al anunciar un recorte presupuestario de proporciones, para controlar el déficit público creciente, en un contexto en el cual se cree que el peso del Estado está ahogando la economía privada, el rey aceptó virtualmente la insolvencia del sistema estatal."El paso hacia una sociedad participativa es particularmente notable en la seguridad social y en los que necesiten cuidados de larga duración. Es precisamente en esos sectores donde el clásico Estado de Bienestar de la segunda mitad del siglo XX ha producido sistemas que en su forma actual ni son sostenibles ni están adaptados a las expectativas de los ciudadanos", sostuvo.Los dichos del rey Guillermo, que avalan el actual programa del gobierno (una coalición de socialdemócratas y liberales), son la explícita confesión del ciclo de austeridad que prevalece en Europa.Así, la próspera y calvinista Holanda está viéndose obligada a desmontar el modelo de seguridad social creado después de la Segunda Guerra Mundial, que coincidió con la época de oro del capitalismo del viejo continente.La "sociedad participativa" de la que habla el rey holandés, y que vendría a sustituir lo existente, podría ser leída como aquella en la cual la sociedad civil (individuos, familias, gremios, empresas y grupos intermedios) asuma parte del gasto social, hoy monopolizado por la burocracia estatal.El llamado "estado de bienestar" europeo tuvo un claro sello socialdemócrata, aquella corriente ideológica dentro de la izquierda que decidió cuestionar las teorías marxistas, cuyo exponente máximo fue el alemán Eduard Bernstein (1850-1932).Bernstein se animó a criticar el dogma marxista de la caída inexorable del capitalismo, formulado por Marx y Engels, señalando que el capital tiene una asombrosa capacidad para adaptarse a las crisis.La mayor herejía de la socialdemocracia -para los marxistas de paladar negro- es haber dicho que el capitalismo podría transformarse gradualmente a favor de los obreros, y esto a través de una mayor intervención del Estado.Quien vino a reforzar esta tesis fue el economista inglés John Maynard Keynes (1883-1946), un conservador liberal declarado, quien propuso la reducción de impuestos y la participación activa del Estado a través de la inversión pública y gastos sociales.Esto para aumentar la demanda interna y compensar la suficiente inversión privada acontecida por la crisis devenida a causa del crack financiero de 1929, un episodio que parecía marcar el hundimiento del capitalismo.Al finalizar la Segunda Guerra Mundial buena parte de las naciones occidentales continuaron con el método keynesiano, adaptándolo como una de las reformas propias de la evolución del capitalismo.Esta aplicación expandió las inversiones estatales, los gastos en servicios sociales y los seguros de desempleo, y coincidió con una época extraordinaria de expansión económica.Una de las críticas históricas hacia ese estado fue que no era financiable en el largo plazo. El giro que está dando Holanda, de apartarse del mismo, parecería inspirarse en este argumento.
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